Lo más extenso de la carta está centrado en la organización de sus trabajos: no es casual que escriba precisamente a Gonzalo de Quesada, ni es por vanidad que aborde el tema.
domingo, 23 de mayo de 2010
Testamento literario de José Martí
Lo más extenso de la carta está centrado en la organización de sus trabajos: no es casual que escriba precisamente a Gonzalo de Quesada, ni es por vanidad que aborde el tema.
miércoles, 20 de mayo de 2009
20 de mayo: Día de la República
El 20 de mayo de 1902 nació nuestra República. Las circunstancias no fueron las ideales como para sentirnos orgullosos de ese acontecimiento, pero nació en ese entonces lo que las generaciones posteriores se propusieron mejorar. 20 de mayo: Día de la República
La bandera cubana solo había ondeado en los campos de batalla, nunca en un edificio público. Un día como hoy se izó por primera vez nuestra bandera de forma oficial simultaneamente en distintos sitios de importancia a lo largo y ancho de la Isla de Cuba. Años atrás, finalizada la Guerra Necesaria, cuyo desenlace fue la intervención norteamericana, se puso fin a cuatro siglos de dominación española, mas no fuimos verdaderamente libre, solo cambiamos de dueño.
1902 fue el año en el que el descontento popular motivó a yanquis a implantar un gobierno títere que responda a sus intereses. El primer presidente Tomás Estrada Palma, alias el Tommy, fue el elegido. le sucedieron varios que hicieron lo mismo. Sirvieron en bandeja de oro todas nuestras riquezas, las cuales fueron acaparadas gustosamente por el Gobierno norteamericano. Vio la luz un día como hoy, la razón por la cual los jóvenes estudiantes y universitarios de la década del 20 se lanzaron a las calles y reiniciaron la lucha, para así darle cumplimiento a los verdaderos sueños de Martí. La lucha continuó hasta que se le puso fin a esta cadena de gobiernos serviles a los yanquis con el Triunfo de la revolución Cubana encabezada por Fidel Castro.
Esa República que hoy cumple 107 años, no fue en sus inicios la mejor, pero por ella lucharon millones de cubanos, primero para obtenerla y luego para limpiarla de toda deshonra. Hoy tenemos una Patria independiente y también una República Independiente que ha de sentirse orgullosa de sus hijos. No debemos tener en cuenta su feo pasado, todos los que nos sentimos cubanos y somos protagonistas diarios del presente y futuro de esta nación debemos tener bien claro que hoy, 20 de mayo del 2009 debemos celebrar por nuestra República, por nuestra Patria, por la Revolución, porque todos significan Cuba.
martes, 12 de mayo de 2009
De Agramonte, la virtud…
De Agramonte, la virtud…
Un 11 de mayo, hace 136 años cayó combatiendo contra tropas españolas en Jimaguayú, Puerto Príncipe —hoy Camagüey— un patriota, un estoico de la virtud: Ignacio Agramonte y Loynaz, hombre con excepcionales condiciones de feje militar que le ganaron el sobrenombre de El Mayor.
Al morir, la noticia irrumpió en los campos de batalla y muchos lamentaron la pérdida del líder de ideas avanzadas y amplia cultura. Su entereza revolucionaria se hizo presente en la Guerra de los Díez Años (1868-1878).
La vida y obra del insigne camagüeyano es una de las más excelsas del siglo XIX cubano. Su bondad y patriotismo nos convocan a recordar este 11 de mayo algunas apreciaciones que sobre él han tenido otros grandes de la Historia cubana.
De Agramonte, la virtud solía decir José Martí. Por su modestia parecía orgulloso, añadía el Apóstol. Leía despacio cosas serias. Era un ángel para defender y un niño para acariciar.
El coronel mambí Manuel Sanguily lo recordaba sabio en el consejo, pronto en la acometida, prudente y acertado en el mando, elocuente en las asambleas, terrible en los combates —inflexible contra el desorden—, cariñoso y tierno en sus íntimos afectos.
Máximo Gómez, lo llamaba uno de los más esforzados patriotas, uno de los más entendidos y valientes soldados del ejército mambí.
El intelectual Juan Marinello lo apreció como viniendo de un mundo en que los hombres creen en lo que dicen.
Rubén Martínez Villena lo imaginó como un semidiós formado en el combate. Para el también poeta cubano Bonifacio Byrne fue un joven audaz, intrépido y valiente (...)
Sobre Agramonte dijo Fidel: Aún después de muerto le temían.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Cultura mambisa y revolución (I)
Desde la madre revolución del 68 Cultura mambisa y revolución (I)
El clarín del 10 de octubre de 1868 convocó a miles de cubanos de diversos orígenes sociales. Muchos profesionales, escritores y poetas se incorporaron de inmediato. Desde los inicios y hasta el final de la insurrección compusieron ensayos, testimonios, cuentos, poemas, himnos y leyes a favor de una educación popular. Renombrados poetas fueron Luis Betancourt, Antonio Lorda, Carlos Manuel de Céspedes, Eduardo Machado, Miguel Gerónimo Gutiérrez y Juan Clemente Zenea. Sus versos, escritos con profundo patriotismo, desbordaron las ansias de libertad de los combatientes. Años más tarde, en 1893, Serafín Sánchez compiló una parte importante de aquellos poemas en el poemario Los poetas de la Guerra que, a su vez, contó con el prólogo de un genio literario: José Martí. Otros escritores como Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Fernando Figueredo, Rafael Morales, Enrique Collazo, Ramón Roa, Manuel Sanguily, Enrique Piñeyro, Manuel de la Cruz y el propio Martí, llenaron decenas de páginas narrando sus experiencias, sucesos, anécdotas y plasmando interpretaciones que dieron luz a la llamada literatura de campaña. Esta piedra angular de la cultura del 68 estructuró el legado escrito del ideario sociopolítico de la contienda.
La composición musical se privilegió con los aportes de Eduardo Agramonte, Perucho Figueredo y Antonio Hurtado del Valle. El segundo nos entregó la letra y música del Himno de Bayamo (1867-68), hoy nuestro Himno nacional; y Hurtado del Valle la letra del Himno de Las Villas (1874). Sus músicas y textos hicieron del combate el espíritu y sentimiento de un pueblo. Varios periódicos dieron cuenta de una prensa seriada en nombre tales como El Cubano Libre, La Estrella solitaria, La Revolución y La República, entre otros.
El gobierno revolucionario —Cámara de Representantes— también hizo de la cultura una bandera. La Ley de Instrucción Pública del 31 de agosto de 1869 concibió la educación masiva de todos los ciudadanos de la República en Armas a través de un sistema de educación primaria. Los dirigentes civiles estimaron que la lectura y la escritura resultaban necesarias para edificar la cultura revolucionaria, superadora de la sociedad esclavista. Sin lugar a duda, el Decreto de abolición de la esclavitud (27 de diciembre de 1870) fue el escalón mayor de la cultura del 68.
Todas estas creaciones ahondaron la ideología de la revolución. La cultura del 68, generada dentro y fuera de los campos insurrectos, legitimó un futuro independiente por conquistar.
Cultura mambisa y revolución (II)
Desde la revolución necesaria del 95 Cultura mambisa y revolución (II)
A cumplir la tarea pendiente del 68 convocó José Martí desde la dirección organizativa de la venidera lucha. El 24 de febrero de 1895 comenzó aquel gran esfuerzo nacional. El pensamiento martiano tuvo en la cultura del 68 sus premisas básicas. A su vez, las ideas y acciones del Maestro nacieron como pilares imprescindibles de la cultura del 95.
Durante el enfrentamiento bélico, nuevos artistas, intelectuales, profesionales y escritores se integraron al Ejército Libertador y los órganos civiles para combatir con las armas y crear obras con el único fin de obtener la definitiva soberanía nacional. Los diarios de campaña de Gómez, Martí, Bernabé Boza, José Miró Argenter, Manuel Piedra Martel, Fermín Valdés Domínguez, Enrique Loynaz del Castillo y otros, continuaron ensanchando la literatura de campaña. Desde sus visiones personales mostraron la independencia como la meta histórica a concretar; por lo que la derrota militar española era el primer requisito indispensable. Las problemáticas internas y externas de la revolución no escaparon a sus ojos. Dieron cuenta de los aciertos y desaciertos que los revolucionarios comprendieron críticamente en el bregar cotidiano. Los que vieron el fin de la guerra hicieron espacio a las ideas sobre la rara presencia norteamericana en 1898.
Los poetas no quedaron atrás. Enrique Loynaz del Castillo, Francisco Díaz Silveira, Bonifacio Byrne, Pedro Piñán de Villegas, Francisco González Marín, Luis de la Cruz Muñoz y Francisco Sellén, escribieron prosas cargadas de patriotismo a pesar de hacerlo sin un riguroso preciosismo académico. Por su parte, decimistas y repentistas cantaron a la naturaleza cubana, a la patria y sus héroes, al hombre del campo y la ciudad, a los mitos y leyendas (anécdotas o pasajes famosos) que iba forjando el independentismo.
Loynaz del Castillo fue el autor del Himno Invasor (15 de noviembre de 1895). Pero también el vicepresidente del primer Consejo de Gobierno, Bartolomé Masó, compuso un segundo himno, menos conocido, en dos estrofas. Otro aporte musical lo brindó el comandante Julián V. Sierra al componer los 36 toques de corneta que rigieron la vida en campaña. Como parte de esa producción cultural hoy sabemos que durante la revolución se editaron dentro y fuera de Cuba más de 50 periódicos proindependentistas. Patria, El Cubano Libre, La Sanidad, La República, El Boletín de la guerra, fueron algunos de ellos.
Con mayor fuerza que en la revolución del 68, las imágenes del 95 se plasmaron en varios bocetos, plumillas, caricaturas, óleos, lienzos y decenas de fotografías. El afamado pintor Armando Menocal captó hechos y figuras importantes de la contienda. Su permanencia como oficial en el Ejército Libertador durante aquellos años le posibilitó crear obras que hoy son patrimonio nacional, como su cuadro La muerte de Antonio Maceo (1908). El llamado teatro mambí escenificó momentos míticos y personalidades de la revolución.
La cultura del 95 fue hija de la del 68. Ambas aportaron obras al pensamiento político de la nación. Por ellas hoy podemos conocer las complejidades sociopolíticas de fines del siglo XIX, en las cuales Cuba tuvo que desarrollar sus luchas liberadoras. Además de cimentar las bases ideológicas de nuestro ideario revolucionario, legaron una estética, un modo de hacer y asumir la cultura cubana que, con el triunfo de 1959, se adentró en una nueva etapa hasta el presente, es decir, para reverdecer y legitimar la hegemonía revolucionaria a lo largo de estos 50 años.
miércoles, 28 de enero de 2009
Homenaje a Martí en su 156
Ciertas preguntas aparentemente fáciles sobre el prócer desconciertan: ¿Cuántas hermanas tuvo? ¿Cuándo murieron sus progenitores? ¿Qué fue de la vida de su hijo?
Si algún personaje tendría que ser conocido en Cuba, de la A a la Z, ese es precisamente el Héroe Nacional de Cuba y Apóstol de la Independencia. Ninguna interrogante sobre su existencia y su legado debería encogernos de hombros.
Pero la realidad es roca innegable. Tal vez suceda así porque a fuerza de repetir la evocación año tras año, lo hemos ido dibujando con el mismo pincel: nació en la calle de Paula, escribió La Edad de Oro, luchó por Cuba y murió en Dos Ríos.
Por eso debemos indagar más por el ser humano; ese que tuvo desavenencias con la esposa amantísima, recibió cartas difíciles de la madre o gimió por tres de sus hermanas muertas en flor.
¿Por qué no llegamos más al Martí familiar? ¿Por qué no acudimos a la persona carnal, capaz de guardarse para siempre en el corazón sangrante un secreto inmenso sobre alguno de los suyos?
Si lo hiciéramos podríamos responder tranquila y orgullosamente las preguntas del principio. Y pudiéramos entender el gran dilema del Maestro, ese que lo hace todavía más grande y grave: renunciar a sus ideas para darle calor a la familia, o continuar batallando por la patria desde la terrible lejanía del hogar.
De vez en cuando deberíamos mirar la vida doméstica de esta persona de carne y hueso para aquilatar y ponderar mejor al mártir.
Homenaje a Martí en su 156
Madre grandiosa, padre de virtud
Algunos historiadores se han referido a las lógicas discrepancias de ideas entre José Julián y su padre, nacido en Valencia, España, el 31 de octubre de 1815 y llegado a Cuba para trabajar en pos de la corona. También hablan de ciertos tratos ásperos de Mariano a su hijo.
Sin embargo, la verdad es que el amor filial entre dos personas de su sangre jamás desapareció. Prueba de esto es que Mariano, al visitar al joven Martí (casi niño) en la cárcel, se arrodilló a sus pies y lloró asido a su pierna herida por los grilletes.
En carta dirigida a Amelia el Apóstol resume el afecto hacia el progenitor querido: «Tú no sabes, Amelia mía, toda la veneración y respeto tiernísimo que merece nuestro padre. Allí donde lo ves, lleno de vejeces y caprichos, es un hombre de una virtud extraordinaria.
«Ahora que vivo, ahora sé todo el valor de su energía y todos los raros y excelsos méritos de su naturaleza pura y franca. Piensa en lo que te digo. No se paren en detalles, hechos para ojos pequeños.. Ese anciano es una magnífica figura. Endúlcenle la vida. Sonrían de sus vejeces. Él nunca ha sido viejo para amar».
Y cuando Mariano dejó de respirar, en 1887, el hijo se lamentó de modo superlativo por el fallecimiento «antes de que yo pudiera pregonar la hermosura silenciosa de su carácter, y darle pruebas públicas y grandes de mi veneración y mi cariño».
Respecto a sus relaciones con Doña Leonor es fácil adivinar cuánto debe haber sufrido por hacerla padecer tan temprano. Esta mujer, nacida en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) el 17 de diciembre de 1828, le reprochó con reiteración a su «niño» la lejanía y el supuesto silencio. En unas 20 cartas de ella a Pepe —como lo llamaba— hay numerosos regaños, aunque algunos son tiernos.
«Hace días que quiero decirte algo de lo mucho que en mi alma rebosa y me ahoga; pero con la esperanza cada día de recibir carta tuya, lo dejo para el siguiente. Vana esperanza, vapores llegan a esta todos los días, y para mí no traen nada (...) Dios te perdone hijo todo el mal que me haces, y por ti le pido a todas horas», le confiesa en 1880.
Y en otra epístola, de 1882, señalará: «Dentro de tres días cumplirás 29, me resigno, pero no me conformo a que a esa edad con tantos elementos de vida sufras tantas angustias, y que mis muchas reflexiones nada hayan podido en tu destino, pero valor, y adelante, que con salud y buena voluntad mucho se vence».
Pese a esas recriminaciones dolorosas, Martí sigue viendo en Doña Leonor a su estrella preciosa. En 1878 le contaría a su amigo Manuel Mercado: «Mi madre tiene grandezas y se las estimo, y la amo —Ud. lo sabe— hondamente, pero no me perdona mi salvaje independencia, mi brusca inflexibilidad, ni mis opiniones sobre Cuba. Lo que tengo de mejor es lo que es juzgado por lo más malo. Me aflige, pero no tuerce mi camino».
Diez años después el Hombre de La Edad de Oro no escondería su felicidad porque su madre pasó con él dos meses en Estados Unidos, algo que le hizo brotar «la salud repentina que todos me notan» y «sentir menos frío en las manos», como narró a Mercado.
Fue ella, por supuesto, la que más se agobió por el holocausto de Dos Ríos. Luego quedó al cuidado de Amelia y murió en total pobreza el 19 de junio de 1907. Ya anciana se vio obligada a trabajar para ayudar a la deteriorada economía de su vivienda. Pocos la auxiliaron en aquella llamada República.
Madre grandiosa, padre de virtud
La familia propia
Carmen Zayas Bazán e Hidalgo (29 de mayo de 1853-15 de enero de 1928), la camagüeyana con la que José Julián se había casado en México, tampoco tuvo, como se conoce, afinidad con las ideas de su esposo.
Las diferencias llevaron a la pareja a discusiones insalvables y a la consiguiente ruptura. Sin embargo, hay que subrayar una y otra vez un hecho contundente: cuando se conoció la noticia de la caída de Martí, Carmen dirigió unas cortas líneas al director del rotativo La Lucha, que hablan por sí mismas: «Ya que aparece en ese periódico la solicitud de una conferencia que pretendí con el señor General Arderíus, acto que suponía esencialmente privado, ruego a usted publique también que lo que me proponía obtener de aquella autoridad, era que se nos facilitara, a mi hijo y a mí, el modo de conseguir el cadáver de mi marido, para hacerlo enterrar en el panteón de mi familia, y quedo a sus órdenes, s.s.q.b.s.m., Carmen Z. de Martí».
Respecto a Pepito, José Francisco Martí Zayas-Bazán (22 de noviembre de 1878-22 de octubre de 1945), honró el nombre de su padre cuando se alistó en la expedición de Carlos Roloff y se incorporó en 1897 al Ejército Libertador, en el que alcanzó el grado de capitán. Quedó casi sordo en el combate de Las Tunas, en el cual se distinguió manipulando un cañón. Se casó en 1916 con María Teresa Bancés Fernández y Criado (Teté), mas no tuvieron descendencia.
La otra «semilla» imprescindible en la vida de Martí fue María Mantilla. A ella (28 de noviembre 1880-1962) le envió líneas dulces con el sentimiento de un padre. No resultó casual que entre los objetos personales encontrados al Apóstol luego de la tragedia de Dos Ríos se hallase una foto de esa niña.
Ni en los fragores de las caminatas y la guerra la olvidó, como tampoco borró al resto de los suyos. Ellos galoparon todo el tiempo en su sangre y en su reloj. Los amó con la misma intensidad que a la tierra palpitante de su patria.
La familia propia
domingo, 28 de diciembre de 2008
Sitio de interes en Santiago de Cuba

Eran la familia Bravo Ferrer y la señora María Micaela Ibarra y Ortiz, los dueños de los terrenos donde se erigió el cementerio Santa Ifigenia, el cual, desde su apertura, acumula valores innegables que condujeron a que fuera distinguido como Monumento Nacional. En él descansan los restos mortales de hijos célebres de Cuba y el mundo como nuestro Héroe Nacional José Martí y el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes; de los generales José Maceo, Flor Crombet y Guillermón Moncada; Mariana Grajales, madre de los Maceo; María Cabrales, esposa del Titán de Bronce. También de los reconocidos músicos y compositores Pepe Sánchez y Ñico Saquito.
Como si no bastara, en el Cementerio Santa Ifigenia aparece un grupo de tumbas de valor inestimable dentro del patrimonio cultural y material del país, las cuales son un fiel reflejo de un admirable arte funerario, donde se pueden visualizar sepulcros de las más disímiles tendencias: neoclasicismo, art decó, estilo ecléctico...
Así, por ejemplo, destaca por su singularidad el obelisco dedicado a los Mártires del Virginius —nombre con que se conoce a los patriotas fusilados en esta ciudad en noviembre de 1873, tras el apresamiento por los españoles del vapor en que viajaban para desembarcar en la Isla y unirse a los mambises—; pero el más sobresaliente es el Mausoleo a José Martí y Pérez, que recibió definitivamente al Maestro el 30 de junio de 1951.
La construcción del Mausoleo duró cuatro años y fue responsabilidad del escultor Mario Santí y del arquitecto Jaime Benavent. Las piedras que se emplearon llegaron de dos canteras de La Habana, mientras que los mármoles se enviaron de la finca El Abra.
El monumento muestra seis arcadas y un techo de cristal que permite la constante entrada de un rayo de sol. En el interior se erige en mármol blanco italiano la figura del Apóstol. Otras seis esculturas representan las antiguas provincias del país. Los bloques rectangulares que circundan la entrada y la parte posterior señalan los 28 campamentos en los que permanecieron Máximo Gómez y José Martí, después de desembarcar por Playitas de Cajobabo, Baracoa.
Otra joya de la ciudad son los antiguos cafetales franco-haitianos —propiedad de los emigrantes que escaparon tras el estallido de la revolución en 1789, y que rodean la ciudad de Santiago—, que obtuvieron la condición de Patrimonio de la Humanidad en el año 2000 por su valor histórico y como paisaje arqueológico.
Entre los siglos XVII y XIX se establecieron estas plantaciones en las tierras que les vendieron los españoles a estos emigrantes a muy bajo precio, quienes construyeron allí enormes casas de piedra. Existen cerca de un centenar de estas fincas, sobre todo en la zona de la Gran Piedra, El Cobre, Dos Palmas y Contramaestre, que conforman un extenso cinturón cafetalero. De ellas, las más reconocidas son la finca de Santa Sofía, el Kentucky y La Isabelica, que permanece en perfecto estado de conservación en la Gran Piedra.
Tanto la vivienda doméstica como los caminos y las áreas agrícola e industrial, conforman la unidad típica cafetalera. Los cafetales constituyen notables centros de cultura arquitectónica, científica, técnica y vial.
Sitio de interes en Santiago de Cuba
sábado, 27 de diciembre de 2008
Santiago de Cuba, rebelde ayer, hospitalaria hoy, heróica siempre
Se cumplirán 50 años de la entrada triunfal del Ejército Rebelde en la ciudad de Santiago de Cuba el primero de enero de 1959, dirigido por su fundador, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. La heroica capital del oriente cubano de aquellos días, se coronó de una fiesta de extraordinarios ribetes de patriotismo y también de dolor por los ausentes fallecidos en la guerra civil. Fueron momentos irrepetibles no solo para esta ciudad, sino para el pueblo de Cuba. Santiago de Cuba, rebelde ayer, hospitalaria hoy, heróica siempre
Su emblema de rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre, la colocan como aquellas urbes de la antigüedad defendidas por sus ciudadanos.
Desde esta ciudad partió Hernán Cortés para someter al pueblo azteca e iniciar el imperio español su implantación mediante la conquista sangrienta, la guerra de los vencedores hispanos contra los aborígenes vencidos.
La ciudad donde vieron la gloria lírica un José María Heredia y una Luisa Pérez de Zambrana. Donde nacieron o depositaron sus cenizas, los héroes de las guerras por la Independencia: Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria; José Martí, el Héroe Nacional y tantos combatientes que harían una larga lista.
Y cómo olvidar a los más recientes, desde Renato Guitart hasta Frank País, José Tey, Josué País, René Ramos Latour, Otto Parellada, Tony Alomá, William Soler.
Algunos historiadores catalogan a generales de las tres guerras por la independencia como nacidos en Santiago de Cuba, aunque vieran la luz, por ejemplo en El Cobre. De todas formas queremos magnificar el heroísmo sin fronteras, en toda su grandeza y apartarnos de cualquier error humano. Lo que interesa es homogeneizar la historicidad de un puñado de hombres que supieron representar con su lealtad y heroísmo, los deseos de un pueblo.
Su grandeza la legaron como herencia cívica y patriótica a las otras generaciones de cubanos, al punto de convertirla como su más limpia y pragmática riqueza material y espiritual.
De acuerdo con la división política-administrativa de la colonia española, el ámbito territorial de Santiago de Cuba, la ciudad cabecera, dio a la Patria un grupo de generales desde la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la llamada Chiquita (1879) y la de Independencia de 1895.
La nomenclatura del Ejército Libertador, aprobada en la Asamblea de Guáimaro fue: mayor general y general de brigada. En la guerra del 95 se llamaban generales de división y de brigada.
Aquellos generales del 68 y del 95, nacidos en Santiago de Cuba y de acuerdo a las investigaciones son:
Antonio Maceo Grajales, Guillermo Moncada, Donato del Mármol Tamayo, José María Rodríguez Rodríguez (Mayía), José Quintino Bandera Betancourt, Demetrio Castillo Duany, Francisco Muñoz Rubalcaba, Francisco Sánchez Hechavarría, Francisco Sánchez Betancourt, Bernardo Camacho Olazagasti, Joaquín Castillo Duany, Enrique Collazo Tejada, Tomás Collazo Tejada, Tomás Padró Sánchez-Griñán, Francisco Pérez Garoz, Joaquín Planas Ulloa, Vicente Pujals Puente, Mariano Sánchez Vaillant, Martín Torres González, Porfirio Valiente del Monte, Limbano Sánchez Rodríguez, Arcadio Leyte Vidal Inarra, José Medina Prudentes, Leonardo del Mármol Tamayo, Francisco Javier Cisneros Correa, Pío Rosado Lorié, Rafael María Portuondo Tamayo, Luis Bonne Bonne.
Puede que falte alguno, pero de todas formas le rendimos homenaje a estos hombres que con acento indeleble de heroicidad, dan nombre a la Carretera Central, desde la Avenida Victoriano Garzón hasta Loma de Quintero, se le bautizó, antes del triunfo de la Revolución cubana en 1959, como la Avenida de los Libertadores. Otros, quisieron ponerle Avenida de los Generales, pero primó el de Los Libertadores. En este tramo se encuentran el Cuartel Moncada, el hospital General Saturnino Lora y la Audiencia, lugares históricos por los sucesos del 26 de julio de 1953.
Esta iniciativa se debió a las instituciones cívicas, culturales, educacionales y de gobierno del municipio santiaguero.
Los bustos de los generales se debieron a la escultora santiaguera Teresa Sagaró, realizados en bronce. Ella pasó mucho tiempo en la búsqueda de fotografías y grabados de los patriotas, a fin de darles el mejor acabado a su obra.
La ciudad guarda respeto y admiración por tales hombres. Los hubo blancos, mulatos y negros. Todos se fundieron en un solo haz y ese contingente, en gran parte, llevó a cabo la Invasión de Oriente a Occidente, bajo el mando del Lugarteniente General Antonio Maceo.
El conocido historiador santiaguero Juan María Ravelo escribió un libro que tituló La Ciudad de la Historia y la guerra del 95. Ahora habrá que agregarle: La ciudad de la Historia y de la lucha de liberación desde 1953 a 1959.
martes, 17 de junio de 2008
Gómez y su historia
Nacido en Bani, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836. Inicia su carrera militar, a punto de cumplir los 20 años de edad, cuando se alista como soldado para defender a su país de ataques procedentes de la vecina Haití. Ya en 1863 ostenta el grado de Capitán de caballería. Al cesar la dominación española sobre Santo Domingo, muchos oficiales de dicho país se trasladan a Cuba junto a sus familiares.
En 1865 arriba a la isla, con el grado de Comandante de las Reservas Dominicanas. Contaba con una amplia experiencia militar, en especial de la táctica de las "cargas al machete" que tantas victorias propiciaron a los dominicanos sobre haitianos y españoles.
Para 1867 presenta su renuncia a las Reservas Dominicanas del Ejército Español y se instala, junto a su madre y hermana, en el pequeño ingenio Guanarubí de la jurisdicción de Bayamo. Inmediatamente se suma a planes conspirativos para -según sus propias palabras- pelear por la libertad del negro esclavo.
El 16 de octubre de 1868, se incorpora al Ejército Libertador con el grado de sargento. Con una pequeña tropa, el 4 de noviembre de 1868, dirigió la primera carga al machete en la guerra independentista cubana. Dio así la primera lección acerca del empleo de la que sería hasta el final de la contienda la más temible arma de los combatientes cubanos. Después ocupa la jefatura militar de todos los cuerpos de ejército y demuestra excepcionales cualidades combativas.
En los diez años de brega hasta 1878 libró incontables batallas y descolló como el estratega más dotado y el maestro de una pléyade de jefes brillantes. Tras la firma del Pacto del Zanjón, Máximo Gómez regresa a su país. No obstante continúa anhelando proseguir la batalla por la independencia cubana y junto a otros patriotas realiza planes para lograr ese objetivo, pero dichos planes no llegaron a materializarse por distintas causas.
Ya en los años de la década del noventa en el siglo XIX, José Martí, establece nuevamente contacto con él y en su condición de Delegado del Partido Revolucionario Cubano, lo nombra General en Jefe del Ejército Libertador. Se reúnen en Montecristi, firman el manifiesto de dicho nombre y parten hacia territorio cubano.
Máximo Gómez dio nuevamente su contribución al desarrollo de la guerra por la independencia de Cuba. Dirigió diversas batallas y nuevamente se pusieron de manifiesto sus grandes dotes militares. Su plan de invasión al occidente de la isla, ejecutado junto a su Lugarteniente General Antonio Maceo, constituye una de las más grandes hazañas militares de todos los tiempos.
A Máximo Gómez se le reconoce como uno de los más insignes jefes militares de las gestas independentistas de Cuba y como alguien que es símbolo del internacionalismo.
Tras la conclusión de la guerra en 1898, con la intromisión de los Estados Unidos de América en el conflicto hispano cubano y la derrota de España, Máximo Gómez se trasladó a La Habana, ciudad en la que residió hasta que se produjo su fallecimiento en 1905.
Gómez y su historia
lunes, 19 de mayo de 2008
Especial por el 113 Aniversario de la muerte de Martí
FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ, su amigo entrañable desde la niñez:
"No hubo para él nunca día de descanso en su labor revolucionaria¼ siempre tuvo la mirada fija en la patria amada, y en ella estaban su corazón y su cerebro. De la conferencia con periodistas y hombres de estado¼ iba al club cubano. Y no era por cierto raro verlo abandonar esos centros para ir a acompañar en el lecho al enfermo que no tenía más consuelo que sus socorros y su cariño. Y quedarse toda la noche a su cabecera, y el día siguiente ser para él un día como todos los suyos".
MÁXIMO GÓMEZ, el Generalísimo:
"Yo no he conocido otro igual en más de 30 años que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la Patria". "(Porque en la guerra todo es escueto) nos admiramos, los viejos guerreros acostumbrados a estas rudezas, de la resistencia de Martí, que nos acompaña sin flojeras de ninguna especie por estas escarpadísimas montañas".
MARÍA MANTILLA, su niña adorada:
"Viví junto a Martí por muchos años y me siento orgullosa del cariño que él tenía por mí. Toda la educación e instrucción que tengo se la debo a él¼ Siendo yo aún muy niña, se empeñaba siempre en llevarme a las reuniones de "La Liga", una sociedad de cubanos de color, todos hombres cultos y muy caballerosos, para que yo les tocara algunas piezas de música. Yo, como niña al fin, muchas veces no quería ir, pero Martí me decía: "Sí, hijita, es deber de uno darles placer a aquellos que no gozan de mucho".
MANUEL MERCADO, uno de los hijos del mexicano ilustre de ese mismo nombre, que fuera gran amigo de Martí:
"Un hombre de la fuerza moral y de tan gran carácter como era Martí, tenía al mismo tiempo ternuras infinitas que no es frecuente que anden juntas con aquellas otras condiciones. José Martí no hace impresión de ser de una nacionalidad, sino hijo del mundo, hombre de la humanidad y para la humanidad".
JUAN GUALBERTO GÓMEZ, su amigo, al hablar de su natalicio:
"Día feliz en que Cuba viera nacer al hijo que, con su laboriosa constancia y su esfuerzo genial, reunió los elementos valiosos y unificó las voluntades necesarias para que su país de nuevo se lanzara a la conquista de su libertad y su independencia".
Especial por el 113 Aniversario de la muerte de Martí





