Mostrando entradas con la etiqueta hermanas de marti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hermanas de marti. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de enero de 2009

Homenaje a Martí en su 156

La vida familiar del Apóstol cubano es poco conocida. Le ofrecemos a usted, estimado lector detalles de su relación con las hermanas, los padres, la esposa, el hijo y la niña María Mantilla.

Ciertas preguntas aparentemente fáciles sobre el prócer desconciertan: ¿Cuántas hermanas tuvo? ¿Cuándo murieron sus progenitores? ¿Qué fue de la vida de su hijo?

Si algún personaje tendría que ser conocido en Cuba, de la A a la Z, ese es precisamente el Héroe Nacional de Cuba y Apóstol de la Independencia. Ninguna interrogante sobre su existencia y su legado debería encogernos de hombros.

Pero la realidad es roca innegable. Tal vez suceda así porque a fuerza de repetir la evocación año tras año, lo hemos ido dibujando con el mismo pincel: nació en la calle de Paula, escribió La Edad de Oro, luchó por Cuba y murió en Dos Ríos.

Por eso debemos indagar más por el ser humano; ese que tuvo desavenencias con la esposa amantísima, recibió cartas difíciles de la madre o gimió por tres de sus hermanas muertas en flor.

¿Por qué no llegamos más al Martí familiar? ¿Por qué no acudimos a la persona carnal, capaz de guardarse para siempre en el corazón sangrante un secreto inmenso sobre alguno de los suyos?

Si lo hiciéramos podríamos responder tranquila y orgullosamente las preguntas del principio. Y pudiéramos entender el gran dilema del Maestro, ese que lo hace todavía más grande y grave: renunciar a sus ideas para darle calor a la familia, o continuar batallando por la patria desde la terrible lejanía del hogar.

De vez en cuando deberíamos mirar la vida doméstica de esta persona de carne y hueso para aquilatar y ponderar mejor al mártir.



Share/Save/Bookmark

LEER MÁS

Lirios y raíces

Hay desconocimiento, por ejemplo, de que José Julián Martí Pérez, el primogénito del matrimonio entre Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera y Mariano de los Santos Martí Navarro, tuvo siete hermanas, todas con sus mismos apellidos.

De ellas se nombra con más frecuencia a Amelia, quizá por la hermosa y conocida carta que le escribiera desde Nueva York en los primeros tiempos de su estancia en aquella ciudad.

Tres de estas consanguíneas murieron antes que Martí: Mariana Matilde (Ana) en 1875, sin haber cumplido los 19; María del Pilar Eduarda (Pilar) en 1865, dos días previos a su sexto cumpleaños; y Dolores Eustaquia (Lolita) en 1870, cuando no llegaba a los cinco años.

Fueron pérdidas tremendas, que sacudieron el alma del poeta. Al fallecer Ana, él compuso unos conmocionados versos, aparecidos en la Revista Universal de México: Mis padres duermen / Mi hermana ha muerto /Es hora de pensar. Pensar espanta, / Cuando se tiene el alma en la garganta...

Y cerraba aquella composición sentida: ¡Decidme cómo ha muerto; / Decid cómo logró morir sin verme; / Y —puesto que es verdad que lejos duerme— / Decidme cómo estoy aquí despierto!

Mucho tiempo después, al redactar sus Versos Sencillos, le volverá a rendir tributo: Si quieren, por gran favor / Que lleve más, llevaré / La copia que hizo el pintor / De la hermana que adoré. Era la referencia a una obra del artista plástico mexicano Manuel Ocaranza, novio de Ana.

Con el resto de las muchachas de su estrecha y humilde casa José Julián mantuvo correspondencia, aunque no tan fluida como querían ellas. No obstante, en la definición de él eran «como lirios, para mi alma... que tienen las raíces donde la tiene mi vida».

Una de ellas, Antonia Bruna, le decía a Martí en una misiva fechada en diciembre de 1881: «Espero me contestes aunque sea dos letras para saber si es verdad que me quieres como dices; otra que te escriba será más larga; recibe un fuerte abrazo de tu hermana que bien te quiere».

Y él le exponía a Amelia en 1883: «Tú me pides muchas cartas, tú —feliz— escríbeme sin cesar, y oblígame a ellas. —Y no me mires como a hermano alejado, sino como a parte de tu mismo cuerpo».

Un hecho llamativo y curioso marcaría el destino de las hermanas del Héroe Nacional: tres fallecieron el mismo año; es decir, en el fatídico 1900. Antonia Bruna sucumbió el 9 de febrero, María del Carmen el 14 de junio y Leonor Petrona el 9 de julio.

Por casualidad fue Amelia la única que sobrevivió en el siglo XX. Expiró en 1944, a dos meses de cumplir los 83 años.



Share/Save/Bookmark

LEER MÁS

La familia propia


Carmen Zayas Bazán e Hidalgo (29 de mayo de 1853-15 de enero de 1928), la camagüeyana con la que José Julián se había casado en México, tampoco tuvo, como se conoce, afinidad con las ideas de su esposo.

Las diferencias llevaron a la pareja a discusiones insalvables y a la consiguiente ruptura. Sin embargo, hay que subrayar una y otra vez un hecho contundente: cuando se conoció la noticia de la caída de Martí, Carmen dirigió unas cortas líneas al director del rotativo La Lucha, que hablan por sí mismas: «Ya que aparece en ese periódico la solicitud de una conferencia que pretendí con el señor General Arderíus, acto que suponía esencialmente privado, ruego a usted publique también que lo que me proponía obtener de aquella autoridad, era que se nos facilitara, a mi hijo y a mí, el modo de conseguir el cadáver de mi marido, para hacerlo enterrar en el panteón de mi familia, y quedo a sus órdenes, s.s.q.b.s.m., Carmen Z. de Martí».

Respecto a Pepito, José Francisco Martí Zayas-Bazán (22 de noviembre de 1878-22 de octubre de 1945), honró el nombre de su padre cuando se alistó en la expedición de Carlos Roloff y se incorporó en 1897 al Ejército Libertador, en el que alcanzó el grado de capitán. Quedó casi sordo en el combate de Las Tunas, en el cual se distinguió manipulando un cañón. Se casó en 1916 con María Teresa Bancés Fernández y Criado (Teté), mas no tuvieron descendencia.

La otra «semilla» imprescindible en la vida de Martí fue María Mantilla. A ella (28 de noviembre 1880-1962) le envió líneas dulces con el sentimiento de un padre. No resultó casual que entre los objetos personales encontrados al Apóstol luego de la tragedia de Dos Ríos se hallase una foto de esa niña.

Ni en los fragores de las caminatas y la guerra la olvidó, como tampoco borró al resto de los suyos. Ellos galoparon todo el tiempo en su sangre y en su reloj. Los amó con la misma intensidad que a la tierra palpitante de su patria.



Share/Save/Bookmark

LEER MÁS

Free counter and web stats My Ping in TotalPing.com
 
...........La Voz de Cuba..........