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martes, 12 de mayo de 2009

De Agramonte, la virtud…


Un 11 de mayo, hace 136 años cayó combatiendo contra tropas españolas en Jimaguayú, Puerto Príncipe —hoy Camagüey— un patriota, un estoico de la virtud: Ignacio Agramonte y Loynaz, hombre con excepcionales condiciones de feje militar que le ganaron el sobrenombre de El Mayor.

Al morir, la noticia irrumpió en los campos de batalla y muchos lamentaron la pérdida del líder de ideas avanzadas y amplia cultura. Su entereza revolucionaria se hizo presente en la Guerra de los Díez Años (1868-1878).

La vida y obra del insigne camagüeyano es una de las más excelsas del siglo XIX cubano. Su bondad y patriotismo nos convocan a recordar este 11 de mayo algunas apreciaciones que sobre él han tenido otros grandes de la Historia cubana.

De Agramonte, la virtud solía decir José Martí. Por su modestia parecía orgulloso, añadía el Apóstol. Leía despacio cosas serias. Era un ángel para defender y un niño para acariciar.

El coronel mambí Manuel Sanguily lo recordaba sabio en el consejo, pronto en la acometida, prudente y acertado en el mando, elocuente en las asambleas, terrible en los combates —inflexible contra el desorden—, cariñoso y tierno en sus íntimos afectos.

Máximo Gómez, lo llamaba uno de los más esforzados patriotas, uno de los más entendidos y valientes soldados del ejército mambí.

El intelectual Juan Marinello lo apreció como viniendo de un mundo en que los hombres creen en lo que dicen.

Rubén Martínez Villena lo imaginó como un semidiós formado en el combate. Para el también poeta cubano Bonifacio Byrne fue un joven audaz, intrépido y valiente (...)

Sobre Agramonte dijo Fidel: Aún después de muerto le temían.
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sábado, 22 de noviembre de 2008

Equipo de beisbol Camagüey


Receptores: Leinier Ricardo (Jimaguayú), Elier Noa (Camagüey), Pedro Smith (Esmeralda)

Jugadores de Cuadro: Dari Bartolomé (Florida), Marino Luis (Carlos Manuel de Céspedes), Adalberto Ibarra (Esmeralda), Alexander Ayala (Camagüey), Rafael Lastre (Camagüey) y Dayron Varona (Camagüey)

Jardineros: Leslie Anderson (Sierra de Cubitas), Norberto Concepción (Esmeralda), William Luis (Florida), Héctor Hernández (Camagüey), Alexey Palmero (Guáimaro) y Dariel Álvarez (Minas)

Lanzadores: Vicyohandri Odelín (Camagüey), Elier Sánchez (Carlos Manuel de Céspedes), Luis Campillo (Camagüey), Ricardo Estévez Pozo (Jimaguayú), Vladimir Pérez (Sierra de Cubitas), Yormani Socarrás (Najasa), Fidel Romero (Camagüey), Yunier Germán (Florida), Luis Orlando Ferrer (Guáimaro), Alberto Rodríguez (Guáimaro), Jaime Vidal (Camagüey), Jimmy Jaime (Florida)

DT: Luis Ulacia

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lunes, 10 de noviembre de 2008

El Ciclón de Santa Cruz 1932. Días después...

Después del embate los sobrevientes de la catástrofe quedaron atrapados en la furia del mar y no fue hasta el día 10 que llegó el primer tren de ayuda que los trasladó hacia Camagüey.

El 13 del mismo mes arribó al poblado una representación del Gobierno y de los órganos de prensa nacional y extranjera. Entre ellos viajaba Nicolás Guillén, el Poeta Nacional de Cuba, quien relató que, «el área de la población era un amasijo impresionante, en el que se confundían los objetos más disímiles entre sí».

Las causas del desastre podrán atribuirse a muchos factores, pero no cabe duda de que la despreocupación y la falta de previsión de las autoridades del país y de la provincia no podrán ser perdonados ni por la historia, ni por los muertos, algunos de los cuales, como las telefonistas, se convirtieron en mártires por permanecer en sus puestos, pidiendo ayuda.

Podrán entonces Paloma y el Ciclón del 32 coincidir en fecha y quizá en trayectoria, pero nunca en el dolor con el que se lo recuerda hoy en Camagüey.

Baste con mencionar que, al cierre de esta información, las zonas bajas del municipio de Santa Cruz del Sur, proclives a penetraciones del mar, se encontraban evacuadas. Más de 5 000 habitantes se encuentran en albergues camagüeyanos y, justamente concluyendo estas líneas, un tren de pasajeros transportaba desde esa localidad 1 200 personas hacia los centros de evacuación provincial.





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El Ciclón de Santa Cruz 1932. Ensañamiento

El poblado de pescadores quedó expuesto al embate terrible y combinado del viento y el mar. Refrenda la historia que el Ciclón del 32 se ensañó en la gente de un pequeño pueblo ubicado al sur de Camagüey, y que en las zonas costeras de los territorios vecinos de Ciego de Ávila y Las Tunas el mar llegó a penetrar hasta 20 kilómetros tierra adentro.

El evento traía consigo vientos que sobrepasaban los 250 kilómetros por hora. Los vientos arremetieron desde el mar hacia la tierra, originando olas que alcanzaron alturas entre 22 y 30 pies, las que sumergieron a la localidad, y con ella a todo lo que tuviera vida: personas, animales y plantas desaparecieron dejando rastros desgarradores...

Aunque desde el día 8 de noviembre el deterioro del estado del tiempo dejó entrever que algo realmente aterrador pasaría, los pobladores de la sureña región, confiados en las experiencias anteriores no se resguardaron, y así se convirtió Santa Cruz del Sur en un amasijo de cadáveres, lodo y escombros.

Los testimonios reflejados por escritores de Camagüey en libros y documentos, al entrevistar a varios de los sobrevivientes, cuentan de una tierra bañada en sangre y oscurecida por las tinieblas.

Estremece mirar las hojas de textos como el del jefe de Sanidad de la localidad, Aníbal Piña, quien ordenó quemar todas las palizadas con la gente dentro, vivas, moribundas o muertas, para evitar una epidemia. O quienes al caminar después de la embestida encontraban a su paso mujeres, hombres, niños y ancianos semidesnudos y temblorosos.

Se recoge que los cadáveres llegaron a flotar junto a todo lo que era de madera por días enteros, y durante semanas ardieron fogatas gigantescas con los cuerpos putrefactos de seres humanos y animales. El 70 por ciento de los habitantes quedaron sepultados.

Cientos de personas aún vivas, al bajar la marea, fueron enterradas en el mar, y al paso de los días muchos cuerpos aparecieron enredados en la vegetación de las cayerías. Y, como para aumentar la tragedia, las tripulaciones de dos navíos de guerra, que anclaron en el puerto, saquearon al pueblo, robándole a los muertos sus recuerdos.


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domingo, 9 de noviembre de 2008

El Ciclon de Santa Cruz 1932

Era impredecible aún la trayectoria exacta del huracán Paloma, pero su peligro potencial amenazaba con repetir el golpe del conocido como el Ciclón del 32.

Son muchos quienes quieren olvidarlo, y no es para menos, pues la suerte de aquel día, coincidentemente también domingo, saltó a la historia como el mayor desastre ocurrido en Cuba, con un saldo cercano a los 3 000 muertos, solamente en el sureño poblado de pescadores de Santa Cruz del Sur.
Casi al terminar la temporada ciclónica, procedente del Atlántico, el 31 de octubre de 1932 entró al Caribe un ciclón de gran magnitud, que afectó a varios territorios de las Antillas y Centroamérica.

Exactamente el día 8, a las 7 de la noche, un parte sobre el fenómeno atmosférico daba por sentado que se encontraba a 150 millas al oeste de Jamaica, moviéndose al norte noroeste, una información errónea.

A la inexactitud de los pronósticos de entonces se le sumaba que en Cuba la trayectoria del meteoro era seguida por los observatorios de Belén y el Nacional Laico, los cuales nunca se pusieron de acuerdo en sus pronósticos, al punto de que un día antes de la hecatombe, las opiniones sobre su curso eran muy diferentes, aunque una última precisaba que el peligro para Camagüey aumentaba.

Pocas horas después, el día 9 de noviembre de 1932, el fenómeno tocó tierra por un punto situado aproximadamente a 60 kilómetros al oeste de Santa Cruz del Sur.
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