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miércoles, 11 de junio de 2008

Guevara

¿Por quién doblan las campanas? Doblan por nosotros. Me resulta imposible pensar en Guevara, desde esta lúgubre primavera de Buenos Aires, sin pensar en Hemingway, en Camilo, en Masetti, en Fabricio Ojeda, en toda esa maravillosa gente que era La Habana o pasaba por La Habana en el '59 y el '60. La nostalgia se codifica en un rosario de muertos y da un poco de vergüenza estar aquí sentado frente a una máquina de escribir, aun sabiendo que eso también es una especie de fatalidad, aun si uno pudiera consolarse con la idea de que es una fatalidad que sirve para algo.
Lo veo a Camilo, una mañana de domingo, volando bajo en un helicóptero sobre la playa de Coney Island, asomándose muerto de risa y la muchedumbre que gozaba con él desde abajo. Lo oigo al viejo Hemingway, en el aeropuerto de Rancho Boyeros, decir esas palabras penúltimas: "Vamos a ganar, nosotros los cubanos vamos a ganar". Y ante mi sorpresa: "I'm not a yankee, you know" (yo no soy un yanki, tu lo sabes).
Interminablemente veo a Masetti en las madrugadas de Prensa Latina, cuando ya se tomaba mate y se escuchaban unos tangos, pero el asunto que volvía era el de esa revolución tan necesaria, aunque hoy se presente tan dura, tan vestida con la sangre de la gente que uno ha admirado o simplemente quiso.
Nunca sabíamos en Prensa Latina cuando iba a venir el Che, simplemente caía sin anunciarse, y la única señal de su presencia en el edificio eran dos guajiritos con el glorioso uniforme de la sierra, uno se estacionaba junto al ascensor, otro ante la oficina de Masetti, metralleta al brazo. No sé exactamente por qué daban la impresión de que se harían matar por Guevara, y que cuando eso ocurriera no sería fácil.
Muchos tuvieron más suerte que yo, conversaron largamente con Guevara. Aunque no era imposible ni siquiera difícil, yo me limité a escucharlo, dos o tres veces, cuando hablaba con Masetti. Había preguntas por hacer, pero no daban ganas de interrumpir o quizá las preguntas quedaban contestadas antes de que uno las hiciera. Sentía lo que él cuenta que sintió al ver por única vez a Frank País: solo podrá precisar en este momento que sus ojos mostraban enseguida el hombre poseído por una causa y que ese hombre era un ser superior. Yo leía sus artículos en Verde Olivo, lo escuchaba por TV: parecía suficiente, porque Che Guevara era hombre sin desdoblamiento. Sus escritos hablaban con su voz, y su voz era la misma en el papel o entre dos mates en aquella oficina del Retiro Médico. Creo que los habaneros tardaron un poco en acostumbrarse a él, su humor frío y seco, tan porteño, debía caerles como un chubasco. Cuando lo entendieron, era uno de los hombres más queridos de Cuba.
De aquel humor se hacía la primera víctima. Que yo recuerde, ningún jefe de ejército, ningún general, ningún héroe se ha descrito a sí mismo huyendo en dos oportunidades. Del combate de Bueycito, donde se le trabó la ametralladora frente a un soldado enemigo que lo tiroteaba desde cerca, dice: "Mi participación en aquel combate fue escasa y nada heroica, pues los pocos tiros los enfrenté con la parte posterior del cuerpo". Y refiriéndose a la sorpresa de Altos de Espinosa: "No hice nada más que una 'retirada estratégica' a toda velocidad en aquel encuentro". Exageraba él estas cosas, cuando todos sabían lo que acaba de recordar Fidel, que lo difícil era sacarlo del lugar, donde hubiera más peligro. Dominaba su vanidad como el asma. En esa renuncia a las últimas pasiones, estaba el germen del hombre nuevo de que hablaba.
Guevara no se proponía como un héroe: en todo caso, podía ser un héroe a la altura de todos. Pero esto, claro, no era cierto para los demás. Su altura era anonadante: resultaba más fácil a veces desistir que seguirlo, y lo mismo ocurría con Fidel y la gente de la Sierra. Esta exigencia podía ponernos en crisis, y esa crisis tiene ahora su forma definitiva, tras los episodios de Bolivia.
Dicho más simplemente: nos cuesta a muchos eludir la vergüenza, no de estar vivos —porque no es el deseo de la muerte, es su contrario, la fuerza de la revolución—, sino de que Guevara haya muerto con tan pocos alrededor. Por supuesto, no sabíamos; oficialmente no sabíamos nada, pero algunos sospechábamos, temíamos. Fuimos lentos, ¿culpables? Inútil ya discutir la cosa, pero ese sentimiento que digo está, al menos para mí, y tal vez sea un nuevo punto de partida.
El agente de la CIA que según la agencia Reuters codeó y panceó a cien periodistas que en Vallegrande pretendían ver el cadáver, dijo una frase en inglés: "All right, get the hell out of here" (está bien, saca al infierno de aquí).
Esta frase con su sello, su impronta, su marca criminal, queda propuesta para la historia. Y su necesaria réplica: alguien tarde o temprano se irá al carajo de este continente. No será la memoria del Che.
Que ahora está desparramado en cien ciudades entregado al camino de quienes no lo conocieron.
Buenos Aires, octubre de 1967
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lunes, 9 de junio de 2008

Enseñanzas de Che Guevara

Precisamente cuando este 14 de junio festejemos el aniversario 80 del natalicio de Ernesto Guevara de la Serna, tendremos una oportunidad para acudir a sus enseñanzas. En correspondencia, vale la pena que quienes nos empeñamos en construir una sociedad divorciada del Capitalismo, en cualquier latitud, al menos repasemos dos de sus obras.

Un buen referente es su pequeño-magistral escrito titulado El cuadro, columna vertebral de la Revolución, el cual fue publicado en la Revista Cuba Socialista, en septiembre 1962, y actualmente además se encuentra en www.inep.org. Allí, el Comandante Che Guevara se pregunta: “¿qué es un cuadro ?”, es decir un dirigente revolucionario, y responde:

“Debemos decir que, un cuadro es un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que ésta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas […]”.

También, el Guerrillero Heroico considera que el cuadro debe poseer disciplina ideológica y administrativa, estar dispuesto siempre a afrontar cualquier debate y a responder hasta con su vida de la buena marcha de la Revolución; amén de ser un creador, un dirigente de alta estatura, un técnico de buen nivel político que puede, razonando dialécticamente, llevar adelante su sector de producción o desarrollar a la masa desde su puesto político de dirección. Es decir que el cuadro ha de ser un ejemplo viviente y cotidiano.

Esta lección nos conduce a otras enseñanzas guevarianas, entre ellas las que están relacionadas con su escrito Contra el burocratismo, el que fue publicado originalmente de igual forma en la Revista Cuba Socialista, en febrero de 1963 -a él se puede acceder hoy a través de www.cheguevara.com.ar.

Al respecto, llama la atención que para el Comandante Che Guevara el burocratismo no es un componente inherente al Socialismo, sino más bien un resultado vinculado a la inexperiencia, un elemento que objetivamente deja su impronta en el trabajo cotidiano debido a tres razones fundamentales -según su propia consideración:

1ra razón.- la falta de motor interno: o sea, la carencia de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada, traducido en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal. He aquí un mayúsculo peligro.

2da razón.- la falta de organización: es decir que el burocratismo genera cuellos de botella , freno innecesario al flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones emanadas de los aparatos centrales, las que a veces toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, contribuyendo a más distorsión. He aquí otro mayúsculo peligro.

3ra razón.- la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo: esto se traduce en que las discusiones suelen volverse interminables, y después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea. He aquí una tragedia de incalculables consecuencias.

Entonces, resulta de utilidad extrema tener presente que desarrollar cuadros sea una tarea inaplazable, al tiempo que íntimamente ligado a ello se revele la capacidad de sacrificio, de demostrar con el propio ejemplo las verdades y consignas de la Revolución; y que podemos y debemos darle un puntapié a todo lo que se asocie al burocratismo, es decir a la corrupción, el formalismo, el papeleo, el peloteo, el reunionismo..., lo que deviene asunto de seguridad nacional. Al respecto, merece ser consultado el trabajo Una pelea contra el dragón de las cien cabezas (Juventud Rebelde, 18/5/08).

En suma, las enseñanzas del argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna constituyen sabia con la cual hemos de marchar hacia la creación del hombre del siglo XXI que él mismo vislumbró.


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viernes, 15 de junio de 2007

Ernesto Che Guevara y Antonio Maceo

Quiso la historia que estas dos figuras nacieran un 14 de junio. El amor a la Patria inculcado por Mariana, hizo que su hijo Antonio se incorporara a los 23 años de edad a las tropas mambisas. Su valentía, destreza, bravura y liderazgo lo convirtieron en uno de los oficiales insurrectos más respetados por los cubanos y temidos por las tropas españolas. En Baraguá no dejo caer la bandera de la libertad cuando muchos oficiales no tenían fe en la guerra. Tuvo razón Martí cuando opinó que Maceo tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo. Ernesto nació en Argentina 83 años después que viera la luz Maceo. De chico le llamaban Che y ese seudónimo le inmortalizó. Graduado de medicina recorrió junto a su amigo Alberto Granados distintos pueblos de Latinoamérica, conociendo los males del continente y solidarizándose con los más necesitados. No se conformó con luchar junto a Fidel en la Sierra Maestra hasta el Triunfo de la Revolución; renunció a todas sus responsabilidades como ministro y siguió el camino de sus sueños. Desde niños queremos ser como el Che, queremos ser más que estudiosos, responsables, trabajadores, revolucionarios y sobre todo, fieles a nuestros ideales y aspiraciones. Y también queremos ser como Maceo, un hombre con cualidades similares, con un sentir patriótico inmenso que, estando en Costa Rica y otros países cumpliendo el exilio, lo impulsaba a hablar emocionado sobre la independencia de Cuba. Aspiramos a convertirnos en jóvenes con cualidades similares a las del Che y Maceo. Nuestra juventud, que gana en solidaridad, internacionalismo y compromiso con la Revolución, es fiel a los ideales de estas dos figuras históricas. El mejor homenaje que le podemos rendir al Che, figura insigne de la juventud cubana y las juventudes progresistas de izquierda de distintos países, y a Maceo, el Titán de Bronce, fiel exponente de nuestras tradiciones de lucha, ambos ejemplo para sus compañeros, amigos y familiares, es seguir superándonos intelectualmente, prepararnos para el futuro, ser fieles a sus ideales, a los de Martí, Fidel y defender, por encima de cualquier interés, esta magnífica obra que es la Revolución.
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