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sábado, 31 de octubre de 2009

Poema Che Comandante Amigo

escrito por Nicolás Guillén

Che Comandante
No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos,
Che Comandante,
amigo.
Con sus dientes de júbilo
Norteamérica ríe. Mas de pronto
revuélvese en su lecho
de dólares. Se le cuaja
la risa en una máscara,
y tu gran cuerpo de metal
sube, se disemina
en las guerrillas como tábanos,
y tu ancho nombre herido por soldados
ilumina la noche americana
como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.
Tú lo sabías, Guevara,
pero no lo dijiste por modestia, por no hablar de ti mismo,
Che Comandante,
amigo.
Estás en todas partes. En el indio
hecho de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles,
y en el azúcar y en las sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante, amigo.
Cuba te sabe de memoria. Rostro
de barbas que clarean. Y marfil
y aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar,
que manda compañera, ordena amiga,
tierna y dura de jefe camarada.
Te vemos cada día ministro,
cada día soldado, cada día
gente llana y difícil
cada día.
Y puro como un niño
o como un hombre puro,
Che Comandante, amigo.
Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña.
El de la selva, como antes
fue el de la Sierra. Semidesnudo
el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa.
No hay descanso.
¡Salud Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante, amigo.

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viernes, 9 de octubre de 2009

Carta de despedida del Che a Fidel

"Año de la Agricultura"
Habana

Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.
Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la Direccón del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.
Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.
Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.
He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.
Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.
Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario,

Che
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jueves, 8 de octubre de 2009

Ernesto "Che" Guevara

Si se aguza el entendimiento es posible escuchar su voz, ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, el once de diciembre de 1964. Entonces, el hombre que desde muy joven se había considerado hijo de Latinoamérica, se colocaba al lado de quienes padecían el colonialismo, el neocolonialismo, la discriminación racial o cualquier otro tipo de explotación.

Por la coexistencia pacífica entre los pueblos y el respeto a la integridad territorial de las naciones, se pronunciaba, en plena madurez, Ernesto Guevara de la Serna.

En su Argentina natal, antes de cumplir diez años, transitó por las páginas de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que desde entonces lo situarían del lado de las causas más justas y humanas, sin pensar en sacrificios. México, en 1955, lo colocó junto a Fidel Castro, para alcanzar altura mundial.

Fue Ernesto Guevara el ideólogo que desde los días de campaña, primero, y más tarde por escrito, esbozara las características del hombre nuevo, capaz de ver el trabajo como un deber social; como un aporte a la vida en común en la que él mismo se reflejara.

Sería, en Cuba, el Ministro de Industrias que tras una larga jornada, al notar que el perro que lo despedía cada noche con sus ladridos había sido encadenado, regresara a exigir la libertad del animal.

Fue el mismo que marchó a Bolivia, porque las penas de Latinoamérica le habían calado hondo y porque por las cosas en las que creía luchaba con todas las armas.

Para el Che, el verdadero revolucionario debía estar guiado por sentimientos de amor y por una auténtica vocación internacionalista. Todavía, si se aviva el entendimiento, puede escuchársele, en las Naciones Unidas, demandar los derechos de los más pobres.
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El Che: Paradigma del hombre revolucionario

Desde los históricos acontecimientos en la Quebrada del Yuro, Bolivia, el Comandante Ernesto Che Guevara se convirtió en una leyenda de la justicia universal entre los hombres. Para él la solidaridad entre los pueblos era una máxima, que hoy, lejos de extinguirse con los años, crece y crecerá más hacia el futuro.

El Che no era un hombre de lo fácil, mostró que el rigor de un genuino revolucionario no se basa en el teoricismo ni en el academicismo y mucho menos en las posiciones intelectualistas alejadas de la vida real.

El rasgo esencial de la personalidad del Che era su exigencia, en una compleja época, la cual demandaba una combinación de virtudes que suelen presentarse en la conciencia humana.

En su carácter hicieron síntesis el guerrillero, el dirigente, el hombre de estado y de política; era también un infatigable investigador, un promotor de nuevos pensamientos. Un combatiente con profunda vocación intelectual que ofrendó su vida en consecuencia con sus ideales.

Fue un modelo de disciplina intelectual y revolucionaria, partidario de exigir responsabilidades a cada cual por sus actos. Había en él la crítica a lo mal hecho, insistencia en la búsqueda de nuevos caminos, alto sentido de la responsabilidad social y un irrenunciable compromiso con los pobres.

Esa proyección humanista del Che se encuentra claramente en el pensamiento de Simón Bolívar cuando escribiera: "La fortuna no debe luchar vencedora contra quienes la muerte no intimida; y la vida no tiene precio sino en tanto que es gloriosa".

También fueron atributos de su acción revolucionaria los principios éticos y el ideal moral, generado en cualidades de voluntad de lucha ante las dificultades y lo mal hecho y su capacidad de resistencia.

El Che se convirtió en una leyenda por su heroísmo, estrategia, capacidad de guerrillero y su pasión revolucionaria.

Junto a Camilo reeditó la hazaña de Maceo y Gómez, con la invasión al Occidente de Cuba durante la gesta del Ejército Rebelde. Estos dos héroes de la revolución cubana no solo condujeron las columnas guerrilleras al centro de país sino también sembraron, con su amistad, un paradigma de hombres de pueblo.

En el fondo de esta relación entre el Che y Camilo, estaba la cultura espiritual de nuestra América, revelándose en una hermosa historia con caracteres de leyenda.

No era un encuentro circunstancial y ligero, sino algo muy profundo con raíces antiguas: los hilos invisibles que unen a los grandes de la historia de que hablara Martí

El amor como fuerza humana suprema, valor en sí mismo y conducto de valores, se acopla armónicamente de modo especial con el patriotismo, concebido por Martí como síntesis de todos los valores

De esos valores que preconizó nuestro Héroe Nacional "José Martí", el Comandante Ernesto Che Guevara es un paradigma.
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miércoles, 8 de octubre de 2008

Che en cuatro tiempos

TIEMPO UNO

Nacer y el asma en el frío intenso de Rosario. Dar los primeros pasos, montar en velocípedo, jugar con su perro, aprender las vocales, las consonantes y los números con Don Ernesto y Doña Celia y alguna maestra rural, pero el asma ahí, constante, ahogando al niño que se niega a doblegarse ante la falta de aire, pues quiere hacerlo todo igual que los demás, sin saber que llegará a ser mejor.

Cambiar la casa hacia Buenos Aires para que mejorara la salud maltrecha, y crecer y patear balones de fútbol, escalar montañas, leer constantemente y constantemente estudiar letras y ciencias.

Sustituir el ciclo de pequeño por la motocicleta de adolescente retador para darse una vuelta por toda Nuestra América, y conocer sin que nadie le cuente cómo sobreviven las personas que habitan del Bravo a la Patagonia.

Matricular la carrera de Medicina y graduarse de médico, no para abrir una clínica privada, sino para ponerse al servicio de los leprosos, a quienes ningún otro colega se atreve a atender.

Remar río abajo y río arriba a bordo de una rústica balsa, tomar fotografías de paisajes y gentes, escribir cartas y uno que otro poema. ¿Y el asma? ¡Bien, gracias!

TIEMPO DOS

En Guatemala peligra un gobierno popular, y allí está en Guatemala, con un bufo, que es como los argentinos llaman a los revólveres, para defender los exiguos avances que los yankis no le permitieron más a Jacobo Arbenz. México abre sus puertas al incansable viajero y en casa de María Antonia, en apenas una noche de plática con otro joven soñador como él, de nombre Fidel Castro, se convierte en el primero en la lista de los expedicionarios de un yate de recreo, convertido en medio de la mar embravecida en un barco de guerra para hacer la libertad de Cuba.

Naufragio más que desembarco. Sorpresa enemiga y bautismo de fuego. Disyuntiva: cargar con la mochila de medicamentos o con el fusil. Decide por el último para salvar a un pueblo de los males sociales que lo consumían, peores que todas las demás enfermedades y las heridas de balas. De nuevo las montañas, que debe ascender ahora entre combate y combate, para descenderlas luego y subir a lo más alto con la hazaña incomparable de la invasión de Oriente a Occidente, en la cual cortó a Cuba en dos para unirla más, al frenar al enemigo en Santa Clara y acelerar el amanecer del Primero de Enero de 1959.

TIEMPO TRES

Comandante y economista. Ministro y machetero. Ciudadano cubano por nacimiento. Político y constructor. Estudioso y crítico. Creador del trabajo voluntario. Forjador de inventivas. Acelerador de ideas. Revolucionario. Comunista. Internacionalista. "Aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y dejo a un pueblo que me admitió como a un hijo; eso lacera y cura con creces cualquier desgarradura... Nada legal me ata a Cuba, solo lazos de otra índole que no se pueden romper como los nombramientos... Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos..." Y hacia otras tierras de África y América Latina enrumba sus pasos, sintiendo bajo sus talones el costillar de Rocinante, con la adarga al brazo, para crear dos, tres, muchos Vietnam con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

TIEMPO CUATRO

Es 9 de octubre de 1967, prisionero desde el día antes en la pequeña y desconocida escuelita de La Higuera, impartió su mejor clase de Historia. Los terroristas confesos que lo asesinaron por órdenes expresas de Washington jamás imaginaron que un hombre de solo 39 años de edad pudiera multiplicarse tantas veces, para nacer a cada instante en todos los confines del planeta.

Y ahí lo tenemos, en mármoles, piedras, bronces, graffitis para llamar a huelgas y manifestaciones; en afiches y fotografías que llenan avenidas, calles, parques, plazas, escuelas y fábricas del mundo; en poemas y canciones que se entonan por millones en todos los idiomas.

En presente y futuro, porque de Che jamás se podrá hablar en pasado, pues sigue convocando a los oídos receptivos a esta marcha unida en la cual no cabe más alternativa que su frase que retumba con la fuerza de un eco universal y unánime: ¡Hasta la victoria siempre...!





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martes, 7 de octubre de 2008

Anécdotas sobre el Che (II)

En el libro Descamisado, Enrrique Acevedo cuenta como el Che dio un ejemplo difícil de olvidar cuando un día en que se repartió una lata de leche por hombre, el de suministro dejó alrededor de cinco o seis latas sobrantes guardadas en una esquina. El ojo sagaz del jefe de la columna lo detectó y preguntó qué era aquello. El gran camaján le contestó con una sonrisa perruna:

-         Jefe, esto es una pequeña reservita para la comandancia o para lo que usted diga.

Con una elegante patada del Che las latas cayeron dispersas por el suelo:

-         Mira, guataca, dale y reparte ahora aunque sea a una cucharada. Que esto no suceda más.

Acostumbrados ya a ese trato tan justo, era difícil comprender el régimen que existía en este campamento.





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Anécdotas sobre el Che

Una vez, en aquellos días duros de la Sierra Maestra, pasó la columna junto a un naranjal, algunos compañeros tomaron naranjas contraviniendo la orientación del Che. Alfonso Zayas, cogió una y al conocer la orden del Che la arrojó. El Che dispuso que el que hubiera cogido naranjas no tomaría chocolate. Guiado por su intuición se acercó a Zayas:

-         Alfonso: tú cogiste naranja.

-         Sí Comandante, cogí una pero no me la comí, la boté al camino.

-         Bueno, no importa. Si cogiste una naranja no puedes tomar chocolate

Estas medidas respondían al doble propósito de respetar lo que poseían los campesinos e impedir que quedarán huellas de los rebeldes.





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sábado, 28 de junio de 2008

El Che: ¿Moda o admiración?

En la actualidad, se ve en nuestras calles, a diario, a jóvenes que como yo llevamos una que otra prenda con la imagen de ese gran hombre que fue el Che.

Su rostro o firma son exhibidos en bolsos, ropas, brazaletes. ¿Qué joven no tiene en su cuarto la tan famosa foto que ha recorrido el mundo entero o cualquier otra fotografia suya, además de los objetos a los que hacía referencia anteriormente? . Por eso hoy, cuando estamos en el mes en que celebramos el Aniversario 80 del nacimiento de este inigualable hombre, me atrevo a preguntarnos si somos realmente dignos de portar y exhibir una imagen como la del Che, tan calada, tan llena de expresión y sentimientos, tan profunda.

Unos lo hacen por admiración, muchos, como yo, lo consideran un ídolo, otros solo porque así se los ha impuesto el reto de la moda. Moda, si el Che casi se ha convertido en una moda.Y creo que sería bueno que todos tratemos de imitarlo, pero de la mejor manera, siendo realmente como fue. Si todas esas personas que tanto lo admiran y hasta llevan consigo su imagen en cualquier parte de su cuerpo hicieran suyos esos valores y cualidades que tanto adornaban su carácter, estoy casi segura de que abundarían.

Mas en nuestra sociedad los buenos hábitos en la juventud, la solidaridad, el respeto y la cortesía no nos parecerían ya tan extraños cuando presenciáramos una manifestación de este tipo, serían menos las indisciplinas sociales.

El ejemplo del Che sería entonces como un gran espejo donde todos tendrían su reflejo. Lo admiramos, respetamos, siempre lo recordamos, pero cabría preguntarnos si en tanto tiempo hemos sido capaces de cumplir con aquel sagrado lema que desde pequeños aprendimos en la escuela. En verdad, ¿somos como el Che?


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...........La Voz de Cuba..........