Los golpistas en Honduras crean condiciones para justificar el incremento de la represión al pueblo, aunque la resistencia cívica tiene carácter pacífico, alertó hoy el coordinador del movimiento Vía Campesina, Rafael Alegría.
En las últimas horas, ilustró, estallaron granadas frente a la sede de la Corte Suprema de Justicia y a una emisora local que también respalda al gobierno de facto, para «tratar de inculpar a los movimientos sociales.»
Nosotros, reiteró, mantenemos la resistencia pacífica, «no tenemos armas ni bombas lacrimógenas ni granadas, esos son los instrumentos usados por los represores.»
Alegría también denunció que trabajadores en la ciudad de San Pedro Sula fueron obligados por sus patrones a participar en manifestación de apoyo a los golpistas, so pena de perder sus puestos laborales.
Nada va a impedir, apreció, «la creciente movilización social que se mantendrá hasta el retorno al orden constitucional y la restitución del presidente, Manuel Zelaya.»
Según explicó, continúa la toma de carreteras en diversos puntos del país por parte de los movimientos sociales y las marchas de campesinos, indígenas, trabajadores y estudiantes rumbo a esta capital.
Mientras tanto, centrales sindicales, agrupaciones campesinas, juveniles, femeninas y de derechos humanos prosiguen las demostraciones de repudio a los golpistas, en las cercanías de la casa presidencial.
En comunicación telefónica con Telesur, confirmó que aunque los militares golpistas continúan impidiéndoles el avance de los autobuses, están llegando a la capital a pie.
Por su parte, José Meza, dirigente indígena del departamento de Olancho, denunció también a través de la televisora latinoamericana, la represión de que están siendo objeto las personas que intentan el avance hacia Tegucigalpa. «Nos están apuntando con armas, golpeando con garrotes y averiando nuestros autobuses para que no avancemos», afirmó.
No obstante —dijo— continúan organizándose y reagrupándose para esperar a su legítimo presidente, Manuel Zelaya, cuando regrese al país el próximo sábado.
Zelaya pospuso para el sábado su ingreso a Honduras. En este sentido el periodista Roberto Parra anunció que todas las actividades que tenían preparadas para el jueves las están reorganizando para el día sábado.
Ante el empuje popular aumentan los peligros de mayores represiones. En las últimas horas los militares reactivaron el escuadrón de la muerte 316 que comenzó el hostigamiento a dirigentes populares.
Esa agrupación, creada por el ejército en los años 80 del siglo pasado, sirvió para asesinar y hacer desaparecer a numerosos ciudadanos, entre ellos líderes de organizaciones sociales.
jueves, 2 de julio de 2009
Los golpistas violan los Derechos Humanos del pueblo de Honduras
martes, 23 de junio de 2009
Dra. María Dolores Ortiz
Dra. María Dolores Ortiz
Conserva la mirada esplendente y pícara de cuando era una niña y subía a los techos de las casas y hacía otras mil travesuras, allá en su natal Holguín. Grande fue su descubrimiento al aprender a leer; desde entonces, a aquel ánimo intranquilo lo sedujo el encantamiento de la lectura.
En el fondo de sus ojos pueden verse las hadas, los príncipes y duendes de cuentos infantiles. Y un poco más acá comienza la interminable galería de personajes, títulos y autores que tantas veces le han robado el sueño.
Cuatro dones: sabiduría, dedicación, dulzura y valor para defender sus criterios, le han hecho ganar el reconocimiento social. Maestra al fin, no deja idea inconclusa y sin explicar. En el trato es especialmente sencilla y franca, posee una sonrisa que no se le desdibuja del rostro y buen sentido del humor. Tal y como se nos ha mostrado durante tantos años en el programa televisivo Escriba y Lea, es María Dolores Ortiz.
«Nací y me crié en el mismo centro de la ciudad de Holguín, en una casa de la calle Agramonte, entre Morales Lemus y Narciso López. ¡Y estoy muy orgullosa de ser holguinera y oriental! Soy la primera de dos hijas del matrimonio formado por el abogado y profesor César Ortiz Amengual y la maestra María Dolores Díaz Álvarez. Tuve el privilegio de pertenecer a una familia culta, y no solo mis padres, era una tradición familiar.
«En la casa de mi niñez había muchos libros. La lectura era algo natural. El periódico se esperaba ansiosamente todos los días, por lo general más de uno. Mi hermana y yo habíamos tenido una preparación previa en el Kindergarten. Ir a la escuela representó algo grande. Me eduqué en el colegio Los amigos, con profesores excelentes, quienes contribuyeron no solo a nuestra formación docente, sino humana y patriótica, las cuales considero muy importantes.
«Recuerdo que la bandera solo podían izarla alumnos del último año de Bachillerato, como estímulo a que estaban al graduarse y dejar la escuela. El asta se consideraba en aquellos tiempos el punto más alto de la ciudad de Holguín, ¡vaya!, sin contar la Loma de la Cruz en las afueras.
«No todo fue estudio; patiné, monté bicicleta, también practicaba voleibol y campo y pista en el colegio. Era la madrina del equipo de pelota. Había campeonatos interescuelas de las distintas disciplinas, y los sábados en la noche se celebraban los juegos, que servían de entretenimiento y aliciente para la práctica del deporte».
—¿Qué aprendió de sus padres?
—El sentido del honor, de la decencia, de preocuparme por los demás, el amor a la Patria. En mi casa se mantuvo la tradición mambisa de poner la bandera cubana en la ventana principal de la sala. Esa enseña la cosía mamá con sus manos, como lo hizo mi bisabuela María de Peña Torre, quien se alzó en la manigua con el esposo, Isidoro Fernández, y lo perdió en la guerra, lo que ha sido siempre un motivo de orgullo para mi familia.
En octubre de 1953, la ciudad oriental de los primeros años ve marcharse a la joven para iniciar en la Universidad de La Habana los estudios de Filosofía y Letras, la carrera de sus sueños.
—¿Cómo era aquella Universidad de los años cincuenta?
—Linda. Y no lo digo por nostalgia, sino por la época en que nos tocó vivir. El curso de 1953 empezó a finales de octubre o principios de noviembre, atrasado por el juicio a los asaltantes del Moncada. Fue un año complejo, en que comenzó a organizarse en la Universidad la lucha contra la dictadura de Batista.
«Hubo muchas manifestaciones: los 27 de noviembre, los 7 de diciembre... No todas terminaron con violencia, pero hubo momentos muy tensos, principalmente antes del cierre de la Universidad. Me parece estar viviendo el día en que asesinaron a los estudiantes asilados en la Embajada de Haití. La consigna de la FEU fue ir todos para la Plaza Cadenas, hoy Ignacio Agramonte. Si no recuerdo mal, René Anillo fue quien explicó allí lo sucedido y convocó a la marcha de protesta, a la que las muchachas no podíamos ir.
«Luego ellos bajando por la escalinata y nosotras yéndonos por la entrada de la calle J, antes de que se formara el problema. Y oíamos la consigna —que aún utilizan los estudiantes— de “¿Quién vive? Caribe. ¿Quién va? Universidad”. También gritaban “La cabeza de Batista, la cabeza de Batista...”, lo cantaban muy despacio al principio para que no quedaran dudas de lo dicho y, poco a poco, aceleraban el ritmo. Te digo que en esa época nos sentimos de una u otra forma participantes de la lucha y nos formamos como revolucionarios».
Aun en medio de tanto revuelo, fue testigo de una intensa vida cultural en la Universidad. «En el Aula Magna oí hablar por primera vez a Don Fernando Ortiz, a Lezama Lima; allí escuché también por vez primera un concierto de música de cámara». Conoció a jóvenes como José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez. «Todavía siguen siendo para mí los días de sus muertes, el 13 de marzo y el 19 de abril, los más tristes del año».
Cerrado el recinto universitario en 1957, comenzó a trabajar como docente en un colegio privado. Al triunfar la Revolución, concluyó el último año de la carrera. Tras la nacionalización de su primer centro laboral, pasó a una secundaria básica, luego al tecnológico José Martí y más tarde, en 1963, a la Universidad. En el actual Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona permaneció 12 años ininterrumpidos. De asesora del Ministro de Educación Superior, regresó a impartir clases de Gramática y Redacción en la Universidad. Ya jubilada, continúa de asesora, tutora tesis y ofrece conferencias en Cuba y en el extranjero. El magisterio es toda su vida.
«En la clase, primero que todo se necesita el respeto mutuo y lograr una adecuada comunicación con los alumnos. No hay estudiantes malos. Claro, a algunos les interesa más una disciplina que otra, por eso hay que motivarlos, para que aprendan gustosamente y no por obligación.
«Un buen maestro tiene que dominar su materia y, por supuesto, gustarle la profesión. Creo que una de las razones por las que a veces no hay el debido respeto y consideración por el profesor, es porque el estudiante percibe que este no sabe lo suficiente o se queda por debajo de sus expectativas. La mayor realización del maestro es ver que sus discípulos sean mejores que él».
Ha dicho que Escriba y Lea la ha hecho sentir maestra y no solo en el reducido marco de un aula, sino para todo el público. Ha estado en el programa desde el primer día; de quererlo, podría ser su biógrafa.
—¿Por qué se ha mantenido este espacio durante tanto tiempo?
—El hecho de que un programa como este, sin recursos, sin escenografía bonita, haya permanecido en la televisión contra viento y marea —eso lo pones así mismo—, es la mejor demostración de que a nuestro pueblo le gusta, respeta y necesita la cultura. Y hemos tratado a través de los años de llevar ese mensaje cultural, asequible para todos.
Sus cerca de 40 años en Escriba... la han convertido en un personaje muy popular dentro y fuera de Cuba. Los televidentes la distinguen. «En ocasiones me parece que son demasiado generosos». De esas relaciones, guarda anécdotas sorprendentes:
«Una vez vino una compañera de Camagüey para que le donara mi bolígrafo, el famoso de la cadenita. Ella tenía una colección de ellos, pertenecientes a escritores, personas conocidas; creo que después la expuso en un museo de la Ciudad de esa provincia. Le dije que mientras yo viviera, mientras Escriba y Lea estuviera en el aire, no podía regalarlo porque era parte de mí, de mi imagen en el programa. Figúrate, si hasta los caricaturistas me dibujan con él».
Lee casi un título por semana. Como presidenta del Movimiento Amigos del Libro es una de las más entusiastas promotoras de la lectura en la nación. Entre sus autores cubanos favoritos se hallan Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier y José Martí.
«A Martí todavía no lo conocemos suficientemente; es más que un poema, que una biografía. El pensamiento martiano, tan profundo y actual, espera por ser descubierto en cada mirada. Cuando las elecciones en Estados Unidos recomendé a un grupo de jóvenes leer algunas de las Escenas Norteamericanas, en las que el Maestro habla de procesos electorales de los 15 años que residió en ese país. ¡Cuántas similitudes encontraron!».
—Pese a tener qué decir, no ha escrito mucho. ¿Por qué?
—Tal vez por falta de tiempo, porque es muy difícil ser profesora, trabajar en el Ministerio, en Escriba y Lea —tareas que implican leer continuamente para actualizarse—, además, ser ama de casa, madre de dos hijas, después abuela de cuatro nietos. Y una de las cosas que más tiempo y sosiego espiritual requiere es la escritura.
—¿Qué lugar ocupa la familia en su agenda?
—Ha sido siempre muy importante para mí. Cuando mis hijas eran chiquitas, yo trataba —y por lo general lo conseguía— de tener sábados y domingos exclusivamente para ellas, para la vida familiar. Tuve nietos y también les dedico tiempo.
—Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. ¿No se pudiera afirmar lo contrario? ¿Quién es Silvio Alemán?
—Es mi retaguardia segura. No solo el esposo, el compañero, es el todo. Sin él, muchas de las labores que desempeño no las podría realizar.
—¿La máxima socrática «Solo sé que no sé nada» es un lema personal?
—No, es una convicción, que son dos cosas distintas.
Y, mirándonos con sus límpidos ojos, nos entrega la lección más sabia: «Tengan una vida recta y útil; eso es lo más importante en el ser humano. Recta en el sentido de la honradez, del decoro, del respeto. Útil en el sentido de no trabajar para uno mismo, sino para los demás».
Detectan en Cuba cuatro casos más de Influenza A H1N1
En el día de hoy el Laboratorio de Virología del IPK confirmó cuatro nuevos casos de Influenza A H1N1: Detectan en Cuba cuatro casos más de Influenza A H1N1
• Un niño de cuatro años, de nacionalidad norteamericana, residente en la Florida, Estados Unidos, que arribó a Cuba en compañía de su madre el 6 de junio.
• Una mujer de 73 años, cubana, que permaneció en los Estados Unidos desde el 21 de abril y regresó el pasado 11 de junio.
• Un hombre de 26 años, cubano, que arribó a Cuba el día 12 de junio procedente de Alcalá de Henares, España.
• Una mujer de 45 años, cubana, que llegó a Cuba el 11 de junio desde Toronto, Canadá.
Los cuatro pacientes se encuentran ingresados, cumplen las indicaciones médicas que se han establecido para cada uno de ellos y su evolución es favorable. Se realizan las investigaciones epidemiológicas a sus contactos, quienes se han mantenido asintomáticos.
Se reitera la necesidad de acudir inmediatamente a los servicios de salud ante la presencia de fiebre o síntomas respiratorios.
Con estos nuevos casos se acumulan un total de 13, todos de personas llegadas a Cuba desde el exterior. En lo adelante las informaciones relacionadas con este tema se darán a conocer los viernes de cada semana.
Ministerio de Salud Pública
16 de junio de 2009
7:00 pm
martes, 16 de junio de 2009
Casos número ocho y nueve de Influenza A (H1N1)
En la noche del pasado domingo el Laboratorio de Virología del IPK confirmó los casos número ocho y nueve de Influenza A (H1N1) asociados a la actual epidemia mundial. Casos número ocho y nueve de Influenza A (H1N1)
El primero de ellos se trata de un niño cubano de doce años, residente en Tampa, Florida, el cual arribó a Cuba el 7 de junio y tres días posteriores, mediante pesquisa domiciliaria realizada en el municipio Habana del Este, se conoció que presentaba los síntomas de la enfermedad. De inmediato fue ingresado para su atención y seguimiento según se ha establecido. Actualmente recibe tratamiento médico hospitalario con evolución favorable.
El noveno caso corresponde a una niña canadiense de cuatro años que arribó a Holguín en compañía de sus padres el 6 de junio, acude al médico para ser atendida el día 11 al presentar fiebre, enrojecimiento de la garganta y malestar general desde el 7 de junio. Fue ingresada en el Hospital Provincial Pediátrico de Holguín, donde evoluciona favorablemente y recibe la atención y cuidados requeridos.
En ambos casos se realizan las investigaciones epidemiológicas correspondientes a los contactos de los pacientes, los cuales se han mantenido asintomáticos, y se les administra el antiviral específico como profilaxis.
Hasta el día de hoy se han confirmado nueve casos de Influenza A (H1N1), todos en personas provenientes del extranjero. Esto refuerza la importancia de las medidas de vigilancia activa para evitar epidemias y transmisión local de la misma, lo cual se ha logrado en estos 53 días de epidemia mundial.
Por lo anterior se reitera la importancia de la vigilancia clínico epidemiológica a toda persona procedente del exterior, durante los diez días posteriores a su arribo a nuestro país, así como que ante la presencia de cuadro febril o catarral, de él o sus contactos en Cuba, se presenten de inmediato al policlínico más cercano o instalación de salud correspondiente.
Ministerio de Salud Pública.
15 de junio de 2009
domingo, 14 de junio de 2009
La tragedia del Morro Castle
La tragedia del Morro Castle
Cuando se habla en Cuba de desastres marítimos vienen enseguida a la mente los nombres del Valbanera y del Morro Castle. Luego, en un alarde de memoria, no es raro que se mencione la tragedia del crucero español Sánchez Barcaíztegui, embestido por el vapor Mortera, en la noche del 18 de septiembre de 1895, a pocos metros del castillo del Morro. Los tres sucesos dejaron un número cuantioso de víctimas. El Valbanera, buque de bandera española, se hundió con 488 personas a bordo, de las cuales ninguna logró sobrevivir. El siniestro del Morro Castle dejó un saldo de 134 fallecidos, algunos de ellos carbonizados por el incendio que consumió el barco, y otros, que quisieron eludir las llamas, ahogados en las aguas heladas del Atlántico. A consecuencia del accidente del Sánchez Barcaíztegui murieron 31 marineros, casi todos comidos por los tiburones, entonces numerosos en la bahía, mientras que decenas de personas que a esa hora paseaban o gozaban del fresco de la noche en los alrededores del castillo de la Punta, escuchaban sus gritos de terror sin poder ayudarlos.
Sobre la tragedia del Valbanera se ha hablado mucho. Pasó al imaginario popular. Llegó ese barco a la entrada del puerto de La Habana el 9 de septiembre de 1919 cuando un ciclón, el llamado ciclón del Valbanera, luego de barrer la costa norte de la Isla provocaba un ras de mar a la altura de la capital. Frente al castillo del Morro, su sirena desesperada llamó pidiendo práctico e hizo insistentes señales en Morse con una lámpara. Desde la Capitanía le contestaron, de la misma forma, que, dadas las condiciones del tiempo, era imposible ayudarlo. El capitán del barco respondió entonces que capearía el temporal mar afuera y las luces de la nave se perdieron entre la lluvia y las olas enfurecidas. Nunca más volvió a tenerse noticia del Valbanera.
Sobre el Morro Castle, el Trío Matamoros, el inmortal Trío Matamoros, dejó una canción que es una verídica y patética crónica del suceso. Hubo un presagio de la tragedia. El capitán del buque murió de un ataque al corazón mientras se celebraba la fiesta con que la compañía naviera agasajaba a los pasajeros en su última noche en el barco. Se le consideraba una embarcación segura, pues estaba dotada de un sistema de detección de humo y de un servicio de extinción de incendios, que no funcionaron cuando debieron hacerlo. Luego el oficial que quedó al frente de la nave por la muerte del capitán, no tomó, se dice, las decisiones correctas y, sin proponérselo, aceleró la propagación del incendio y el Morro Castle quedó convertido en una antorcha flotante.
Por cierto, una célebre escritora cubana, Renée Méndez Capote, la cubanita que nació con el siglo, era una de las pasajeras del Morro Castle en su viaje final. Transcurría el Gobierno de los cien días y el presidente Grau San Martín le había confiado el consulado de París. Antes, pasaría unos días en Nueva York. Renée, que era gorda, quedó atrapada por las llamas en su camarote y la tripulación logró sacarla por la escotilla. Uno de los camareros, el estadounidense Carol Prior, le cedió su salvavidas y, de pronto, sin saber cómo, se vio metida, con otras 35 personas en un bote de salvamento, donde pasó cuatro horas de angustia antes de arribar a la costa de New Jersey. Ya en Nueva York, uno de los periodistas que acudió a entrevistarla, le preguntó si era comunista. Renée habló entonces de sus simpatías por la izquierda y ahí mismo la opinión pública empezó a tacharla de incendiaria. Aquel incendio es, decía la Méndez Capote, el peor recuerdo de mi vida.
¿Fue un rayo que cayó cerca de los depósitos de combustible lo que desató el incendio? Debieron transcurrir 25 años para que se supiera que hubo una mano asesina y fue un siniestro intencional.
Pero como en su momento dijo la canción del Trío Matamoros:
Quién fue la mano incendiaria sabe Dios quiénes serán
mas los pobres que cayeron, aquellos se fueron y no volverán.
¿Ha visto usted al Valbanera?
¿Ha visto usted al Valbanera?
De niño escuché muchas historias relacionadas con el Valbanera. La del abuelo que salió de la casa con sus dos nietos a fin de ver los estragos del ras de mar y encontraron la muerte cuando el automóvil que los transportaba cayó en una de las furnias que bordeaban en la época lo que hoy es La Rampa. Y la del hombre que casi todos los días acudía al puerto de La Habana y preguntaba si se tenían noticias del Valbanera. Llevaba, se decía, más de 30 años en lo mismo. Había desembarcado en Santiago de Cuba con uno de sus hijos pequeños decidido a hacer el viaje por tierra hasta La Habana a fin de estar ya aposentado aquí cuando el resto de su familia llegara a la capital en el barco. El 9 de septiembre de 1919, el sujeto perdió la razón. No era para menos. Nunca he sabido si esa es una historia real o una leyenda. De cualquier modo, podemos imaginar a aquel hombre con su pregunta eterna en los labios: ¿Ha visto usted al Valbanera?
Era un vapor de casco de acero, unas 6 000 toneladas de peso, 131,90 metros de eslora y una velocidad de crucero de 12 nudos. Fue construido en 1906, en Glasgow, Escocia, con capacidad para más de 1 200 personas. El 10 de agosto de 1919 salió de Barcelona con destino a Nueva Orleans y haría escalas en Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, La Habana y Galveston. Zarpó con 1 230 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes.
Santiago, en cuyo puerto tiró anclas el 5 de septiembre, era el destino definitivo de no pocos de los pasajeros de la nave. Otros muchos, en cambio, seguirían rumbo hacia otras regiones de la Isla y, como el hombre de la historia que conté arriba, prefirieron hacerlo por tierra. Eso hizo que el número de víctimas fuera sensiblemente menor.
Hace algunos años, el colega Juan Morales, de la redacción de este diario, pudo entrevistar a uno de aquellos pasajeros del Valbanera. José María López, natural de La Mancha, y con 15 años de edad entonces. Junto con el padre, la madre y cinco hermanos, José María pasó un año en la tierra natal y, ya de regreso, abordó el barco, junto con los suyos, en Cádiz.
Cuando llegamos a Santiago, un paisano que venía como sobrecargo nos recomendó que bajáramos a tierra y nos fuéramos por ferrocarril hasta Las Villas, donde residíamos por entonces —relató José María. Nos aseguró que ganaríamos tiempo, pues llegaríamos a casa cuando el Valbanera aún no habría entrado a La Habana. Aceptamos su recomendación y, en efecto, realizamos un viaje magnífico en tren hasta Santa Clara.
Del drama nos enteramos días más tarde por los periódicos, recordaba el testimoniante. «Supimos horrorizados que el Valbanera nunca llegó a La Habana y que naufragó sin que nadie sobreviviera. En nuestro pueblo de España repicaron las campanas de la iglesia en memoria de la familia López, porque nos creían muertos... Nos salvamos por un golpe de fortuna. ¡Un milagro! Y por el consejo de aquel paisano que quedó a bordo y bajó para siempre con el Valbanera al fondo del océano».
¿Conocía Martín Cordero, el capitán de la embarcación, del gran ciclón que se formaba?, se preguntó la prensa de la época. La interrogante jamás tendrá respuesta. El caso es que el Valbanera navegó a toda máquina hacia la catástrofe. Debe haberse hundido en una llamada vuelta de campana, con todos los pasajeros en sus camarotes a fin de resguardarse del viento y la lluvia.
Los espiaba la muerte
Los espiaba la muerte
Dice en una de sus partes la canción que popularizó el Trío Matamoros:
Del puerto de La Habana, el Morro Castle se vio zarpar
una tarde habanera, linda hechicera, como su mar.
En la extensa cubierta, gozaban todos con gran primor,
en el barco lujoso que majestuoso iba a Nueva York.
Veinticinco años después de la tragedia del Valbanera, el 8 de septiembre de 1934, se incendiaba el Morro Castle. Era un crucero de 11 300 toneladas de desplazamiento y 503 pies (153,3 metros) de eslora, propiedad de la naviera Ward Line. Su sistema de propulsión estaba integrado por dos poderosas turbinas de vapor, de 16 000 caballos de fuerza, que le permitían mantener una velocidad media de 20 nudos. Como toda embarcación de su género disponía de espaciosos restaurantes, tiendas, salones y cámaras de varias clases y camarotes de lujo. El día fatal cubría la ruta La Habana-Nueva York, con 400 pasajeros y 240 tripulantes a bordo, aunque otras fuentes consignan que transportaba a 558 personas en total. Soplaba un viento huracanado. Se hallaba frente a las costas de New Jersey cuando se detectó el incendio.
Nunca se ha sabido con certeza lo que sucedió con esta embarcación, ni tampoco si la muerte repentina de su capitán guardó relación con lo que vendría después. Se dice que el incendio se desató en la lujosa biblioteca de la cubierta C y que, sin que nadie se percatara, se extendió hacia una sala de estar y una sala de escritura. El caso es que cuando la tripulación decidió alertar a los pasajeros, que dormían, y pedirles que corriesen a cubierta provistos de sus salvavidas, ya el siniestro había cobrado fuerza suficiente para hacerse incontrolable. Muchos pasajeros quedaron atrapados por las llamas en sus camarotes y los que pudieron llegar a cubierta apenas podían caminar sobre las recalentadas planchas de acero. Tampoco se puso nunca en claro porqué no funcionó el sistema contra incendios ni porqué el telegrafista demoró tanto en transmitir la señal de auxilio. Los botes salvavidas se hicieron a la mar llevando como promedio a unos 30 tripulantes y solo a dos pasajeros cuando disponían de 58 capacidades. Para mal de males, el primer oficial, que asumió el mando de la nave a la muerte del capitán, insistió en navegar de frente al temporal de viento, lo que hizo que las llamas se propagaran con más fuerza y rapidez. Algunos pasajeros, para escapar, se tiraron al mar. El notable nadador cubano Frank De Beche, confiado en sus propias fuerzas y habilidades, cedió caballerosamente su salvavidas a la señorita Rosario Camacho y pereció en el intento de mantenerse vivo en el mar hasta que lo rescataran.
Por suerte para los náufragos, decenas de ellos fueron rescatados por las embarcaciones que acudieron al llamado de socorro. El remolcador Tampa, que acudió a la zona del siniestro, pudo enlazar al Morro Castle, que había detenido ya sus máquinas, y comenzó a arrastrarlo hacia la costa. Pero el fuego rompió las estachas o cabos del remolque y el barco quedó al garete frente a Asbury Park. Los equipos de rescate vieron entonces escenas horribles, pues muchos de los pasajeros habían encontrado la muerte aprisionados en los ojos de buey de los camarotes.
La desgracia de unos trajo la fortuna momentánea de otros. No faltó gente inescrupulosa que saqueó lo que pudo del barco para venderlo luego como souvenir, y cuando se acabaron las piezas verdaderas, vendió piezas falsas, mientras que el Morro Castle, o lo que quedaba de aquella lujosa embarcación, se convertía en atracción turística.
Pronto comenzaron las especulaciones sobre las causas del incendio. Se habló, como ya se dijo, del rayo que cayó cerca de los depósitos de combustible, pero otros llegaron a la conclusión de que en el Morro Castle hubo un sabotaje. Para los que así opinaban, la causa de la catástrofe había sido una pluma de fuente con un dispositivo de ignición dentro dejada en la biblioteca del barco.
La hipótesis del sabotaje se comprobaría 25 años después del suceso, cuando un investigador señaló a George W. Rogers, jefe de los telegrafistas de la nave, como el causante de la catástrofe. Los propósitos que lo movieron para tal proceder, los desconoce el autor de esta página, pero el hecho de que el responsable del siniestro fuera el telegrafista-jefe explica porqué el Morro Castle no transmitió a tiempo sus llamados de auxilio. El telegrafista de guardia que se decidió a pedir ayuda lo hizo por su propia voluntad y sin haber recibido orden alguna en tal sentido. La empresa naviera Ward Line fue multada a causa del incendio y se condenó a penas de prisión a los oficiales del buque; sentencias que después fueron anuladas.
sábado, 13 de junio de 2009
Entregan a Juan Formell título de Doctor Honoris Causa en Arte
Entregan a Juan Formell título de Doctor Honoris Causa en Arte
"La música de Juan Formell no es solo popular, es culta, porque él es un clásico de la música cubana", dijo anoche el pianista Chucho Valdés, en la ceremonia de entrega del título de Doctor Honoris Causa en Arte al líder de Los Van Van.
Chucho expresó, en el capitalino teatro Amadeo Roldán, que Formell ha revolucionado la música bailable de la Isla y la emblemática agrupación que dirige es un paradigma para las orquestas soneras.
El Instituto Superior de Arte le otorgó el alto reconocimiento al autor de Por encima del nivel, para distinguir su obra musical, anclada en lo más arraigado de la cubanía.
"Todavía no me lo creo. Nunca pensé que en mi vida se me diera esa oportunidad", afirmó emocionado el artista y dedicó el título a la familia y los músicos de Van Van.
Los continuadores del legado de los grandes compositores criollos, le brindaron como regalo El Manisero, de Moisés Simons, y Ya ves, de Pablo Milanés.
Confirman en la Isla séptimo caso de Influenza A (H1N1)
En el día de hoy, el Laboratorio de Biología Molecular del IPK confirma el séptimo caso de Influenza A (H1N1) asociada a la actual epidemia mundial. Confirman en la Isla séptimo caso de Influenza A (H1N1)
Se trata de una niña cubana de 12 años de edad, residente en Las Vegas, Estados Unidos, que arribó a nuestro país el 8 de junio, fecha en que comienza con un cuadro catarral y fiebre. Al día siguiente acude al policlínico donde se evalúa y se decide su ingreso para estudio y recibir el tratamiento establecido.
La paciente evoluciona bien y las autoridades sanitarias realizan las investigaciones clínico-epidemiológicas a los contactos de la paciente, los cuales se encuentran asintomáticos hasta el presente.
Reiteramos a la población la importancia de cumplir las orientaciones impartidas, tales como: el taparse la boca al toser y estornudar, el lavado frecuente de las manos, mantener la higiene colectiva y la necesidad de acudir inmediatamente a los servicios de salud ante la presencia de fiebre o síntomas respiratorios.
Ministerio de Salud Pública
12 de junio de 2009
jueves, 11 de junio de 2009
Confirma Ministerio de Salud Pública sexto caso de Influenza A (H1N1) en la Isla
En el día de hoy el Laboratorio de Virología del IPK confirmó el sexto caso de Influenza A (H1N1) asociada a la actual epidemia en el mundo. Confirma Ministerio de Salud Pública sexto caso de Influenza A (H1N1) en la Isla
Se trata de una cubana de 65 años de edad que reside en el municipio Habana del Este, en Ciudad de La Habana, la cual estuvo en los Estados Unidos del 3 al 31 de mayo.
A su regreso, el día 3 comienza con dolor de garganta, el 4 aparece tos y expectoración. Acude el día 5 al Consultorio Médico de Familia por la notificación de viajero internacional, negando tener sintomatología. Tres días después se presenta en el policlínico ante la persistencia de síntomas respiratorios y fiebre, donde es valorada y remitida al IPK para su correspondiente atención, confirmándose el diagnóstico a través del aislamiento virológico.
La paciente se encuentra evolucionando bien desde el punto de vista médico.
Las autoridades sanitarias vienen realizando las investigaciones clínico-epidemiológicas en los contactos más directos de la paciente, motivo por lo cual varios de ellos se encuentran ingresados para estudio y seguimiento.
Se continúa observando cuidadosamente la evolución de esta situación. Como se ha venido informando, contamos con todos los recursos y medios necesarios para enfrentarla.
Ministerio de Salud Pública.
10 de Junio de 2009



