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miércoles, 27 de enero de 2010

José Martí vive hoy más que nunca


El 28 de enero de 1853 nace en La Habana José Julián Martí Pérez. Cuba era la más preciada reliquia que le quedaba al dominio español, casi toda la América Latina se había quitado las cadenas de la metrópoli decadente; Martí, hijo de españoles, tuvo como maestro a uno de los independentistas más connotados de la antigua Habana, que le supo inculcar al joven Pepe el amor a su tierra y despertando así el espíritu rebelde, liberador e independentista que acompañó a Martí hasta el día de su muerte. Su padre, don Mariano, al notar la rebeldía de su hijo advirtió que no dudaba ver a su único hijo varón luchando por su Patria.
Su lucha provocó la cólera de España que a los 15 años lo tuvo como prisionero, un año más tarde Martí es desterrado y comienza el continuo peregrinaje por España y las Américas. Estudió letras y derecho, escribió en periódicos y revistas de la época, ganó el aprecio de los pueblos y el desprecio de la oligarquía latinoamericana que llegó a atentar contra su vida.
Bien conocidas son las obras martianas, sus Versos Sencillos, Versos Libres, el poemario Ismaelillo (dedicado a su hijo), las cuatro ediciones de la revista La Edad de Oro dedicada a los niños de América, sus cartas y el resto de su obra recopilada en varios tomos de Obras Completas constituyen el testamento literario legado por Martí a las venideras generaciones. Martí fue algo más que obras literarias; Martí fue capaz de escribir críticas de arte al estilo del mejor crítico de su época, escritor de obras de teatro y novelas, fue cronista deportivo, advirtió los peligros que en el siglo XIX amenazaban la naturaleza y fue también traductor, porque Martí dominó a la perfección varios idiomas.
Pero vale la pena saber también que José Martí fue un hombre enfermo, su salud fue muy frágil. Amigo de los amigos, predicador de la paz, el amor, la amistad y el respeto a la humanidad, respetó a los enemigos y adversarios y fue sobre todo enemigo de la traición y la cobardía. Martí fue buen hijo, buen hermano de 7 chicas; hermano mayor, no tuvo un hermano varón pero orgulloso anduvo cada vez que llevó de paseo a sus siete pequeñas hermanas por la Alameda de Paula, algunas murieron siendo niñas o adolescentes, las que llegaron a la adultez mantuvieron constante comunicación con Martí. Adolescente y joven, humano al fin, conoció el amor y los desamores, el apasionado José Martí fue admirador de las mujeres bellas, tuvo varios romances, dejó ramos de flores y notas perfumadas en los camerinos de las más famosas cantantes, bailarinas y actrices de las cortes europeas, todo un galán, un apasionado, eterno enamorado de las mujeres. Echó raíces con la cubana Carmen Zayas, la conoció en México, en uno de sus acostumbrados viajes; amó mucho a su esposa pero su lucha por la causa cubana no hizo de él un buen esposo. Del matrimonio nació José Francisco (Ismaelillo) que puso a prueba los instintos paternales de Martí, Carmen no soportó la lejanía y terminó abandonando a un incomprendido José Martí que continuó confesándole su amo.
Sus constantes viajes por América Latina y Estados Unidos despiertan en Martí su sentir latinoamericanista. Desde ese momento su lucha no solo fue por independizar a Cuba, sino por aunar a la América que había logrado la independencia de España y así hacer frente a las intensiones expansionistas de Estados Unidos. Advirtió la necesidad de la unidad para salir victorioso no solo en las guerras y en la política, sino en las artes, las ciencias, incluso, en el deporte.
Preparó pacientemente una guerra a partir de los errores cometido en la anterior gesta iniciada el 10 de octubre de 1868. El 24 de febrero de 1895 inicio la guerra que como bien llamo Martí era Necesaria, a pesar de las delaciones que provocaron el confisco por parte de las autoridades de Estados Unidos de una embarcación que llevaba hacia Cuba armas y municiones. La traición dolió pero no fue razón para dejar caer las banderas de la libertad y la definitiva independencia. Viajó en una pequeña embarcación desde la isla La Española hacia el extremo oriental de la isla de Cuba, atravesando el tempestuoso Paso de los Vientos, desembarcó por la playita de Cajobabo el 11 de abril de 1895 incorporándose como un soldado más a la guerra que el mismo preparó.
Decir que Martí murió el 19 de mayo de 1895, en su primer combate no es cierto. Martí había la inmortalidad minutos antes de existir físicamente mientras redactaba la Carta Inconclusa. Sus ideas nunca fueron olvidadas. Los cubanos recordaron sus versos sencillos e hicieron cumplir su voluntad:
"Yo quiero cuando me muera
Sin Patria pero sin amo
Tener en mi losa un ramo
De flores y una bandera"
Martí no está ni olvidado ni muerto, vive hoy más que nunca, porque como el mismo expresó: "La muerte no es verdad si se ha cumplido bien con la obra de la vida".
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José Martí por la independencia de Las Antillas


Si una llamó a la América Latina, una y muy importante, consideró a las "tres Antillas hermanas", esas que, "(…) se tienden los brazos por sobre los mares y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América cordial y verdadera, que sobrepujará a la América ambiciosa como tres hermanas".

En un escrito aparecido en el periódico Patria, en mayo de 1892, dedicado a homenajear al puertorriqueño Román Baldorioty Castro, Martí analiza con razones contundentes la necesaria unidad que ha de existir entre las tres grandes islas por donde comenzó la conquista de América, expresa el dilema político de Las Antillas, si libres bastión de la dignidad de Latinoamérica, si sometidas a las apetencias yanquis, punta de lanza de la ambición imperial norteamericana.

"No parece que la seguridad de las Antillas, ojeada de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa, en lo material insuficiente, que provocase reparo y justificara la agresión como de la unión sutil y manifiesta en todo(…) de las islas que han de sostenerse junta, o juntas desaparecer en el recuerdo de los pueblos libres"

Martí no alienta la formación de una República Antillana, sobretodo por los recelos que levantaría esta idea en las oligarquías locales y más aún en los Estados Unidos, que como bien dice él, tendría pretexto para una agresión. Pero sí las exhorta a la solidaridad y unidad "sutil y manifiesta" en "todo" para seguir siendo libres.

Desde Nueva York, sigue la política de la naciente potencia imperialista, se da cuenta de que esta expansión dominadora de la oligarquía norteamericana pasa en primer lugar por el dominio de Las Antillas, concepción que en términos geopolítico, en su época, abarcaba a las islas mayores del archipiélago caribeño, y que el peligro inminente se cernía sobre Cuba y Puerto Rico, restos del imperio colonial español.

Por eso denuncia ante los pueblos de Nuestra América y el mundo las no disimuladas pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos:

"(…)Walker fue a Nicaragua por los Estados Unidos; por los Estados Unidos, fue López a Cuba Y ahora cuando ya no hay esclavitud con que excusarse, está en pié la liga de la Anexión; habla Allen de ayudar a la de Cuba; va Douglas a procurar la de Haití y Santo Domingo; tantea Palmer la venta de Cuba en Madrid; fomentan en Las Antillas la anexión con raíces en Washington,(…) dan cuenta incesante los diarios del norte, del progreso de la idea anexionista(…)"

La independencia de Cuba ya no es para José Martí solo un problema nacional, sino el cumplimiento de una necesidad política y social que consolidará la existencia misma de América Latina ante el peligro hegemónico que representa los Estados Unidos, ideas que quedan clara en los comentarios de la prensa yanqui de la época y que Martí cita de forma advertidora, "(…)¿En que dirección se ha de mover nuestra bandera?, dice el Sun en un artículo odioso, "sobre el norte, o sobre el sur, o sobre alguna de las Antillas?"

Ya por estos años había comenzado la intervención abierta de los Estados Unidos en los asuntos internos de los pueblos de la región, la República de Haití era víctima de estas intrigas para arrebatarle parte de su territorio y crear una base carbonera en la península de San Nicolás, cruce estratégico de los mares del Caribe. Era el antecedente de la tristemente célebre política del "Gran Garrote" que se enseñoreó por estas tierras a principio del siglo XX. Martí siguió las noticias de la intromisión de los norteamericanos en los asuntos internos de Haití y nos habla de cómo apoyaron con recursos y armas al sublevado Hipolite hasta derrocar al gobernante legítimo.

Por Cuba, por América Latina, se esfuerza Martí por lograr la unidad de los cubanos para "(…) impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América", esa es la tarea titánica que se impuso y más difícil aún fue hacerse entender por los que veían en la nación del norte el modelo posible para nuestros países.

Las Antillas son vistas por José Martí como el fiel de América, el equilibrio entre los dos conglomerados sociales desarrollados a partir de la colonización, poblados por gente muy disímil y con un desarrollo económico y social marcadamente muy diferente: al norte la nación industrializada, fuerte, autosuficiente y ambiciosa, producto de siglos de desarrollo capitalista; al sur, aletargadas y desunidas, las repúblicas románticas, fruto de la codicia usurera del español, que apenas vio en América la fuente de su enriquecimiento y destruyó culturas, trajo una oleada de esclavos y sin proponérselo creó un crisol de pueblos.

Dentro de este modelo de unidad, había una prioridad básica, la independencia de Cuba y Puerto Rico por ser "(…) indispensables para la seguridad, independencia y carácter definitivo de la familia hispanoamericana en el continente donde los vecinos de habla inglesa codician la clave de las Antillas para cerrar en ellas todo el Norte por el istmo y apretar luego con todo este peso por el Sur"

Aquella preocupación obsesiva, aquellas valientes advertencias, que no solo iban en cartas privadas, sino que también fueron escritas en artículos y ensayos periodísticos, fungieron como Oráculo americano que dejó entrever lo que ocurriría en América Latina y en las Antillas en particular, tras la intervención de los norteamericanos en la guerra de independencia de Cuba, y fue el Caribe el lago privado de las cañoneras yanquis, que ocuparon Cuba y dejaron la Enmienda Platt, convirtieron a Puerto Rico en un eufemístico Estado Libre Asociado, desembarcaron en Santo Domingo, Haití y Nicaragua, imponiendo su ley y exigiendo sus cobros; se adueñaron del istmo de Panamá y levantaron el canal interoceánico y aplicaron de forma altanera y descarada su política de conveniencia en las Repúblicas Centroamericanas convertidas en las descoloridas "Repúblicas Bananeras". Era la triste consecuencia que previó Martí con la expansión imperial y que resumió en estas palabras:

"Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo"
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