En nuestra entrega anterior sugerimos que la expresión “el agua apagó el fuego” encierra el secreto de la creación. Debimos haber escrito: casi lo encierra. Casi, porque no hay cosmos construido allí donde falta el hombre, clave auténtica de la creación. Ya Pedro Arango había concluido su historia con una aseveración apendicular: “Obatalá fue creada por obra y gracia del Señor Olofi. “Creada”, escribe, pues según la representación general, Obatalá es andrógino, o “se desdobla como hembra y como macho”, según se expresa el santero Raúl. Aunque, en opinión de la mayoría de los informantes, el Obatalá de la creación es padre. Hijo de Olofi y padre de los restantes orichas.
No es éste el lugar para incursionar en la apasionante figura de Obatalá, héroe legendario del pueblo Igbó, considerado entre los yorubas -según informa Heriberto Feraudy Espino- como deidad suprema, o como “imagen y símbolo de Olodumare en la tierra”, y, entre muchos santeros cubanos, como oricha equiparable con Olofi por su jerarquía y poder.



